Recuperemos nuestra calidad de vida
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La modernidad con sus estilos de vida, y la incapacidad para conocer y satisfacer necesidades reales, nos alejan cada vez más del verdadero bienestar
Lograr un equilibrio físico, mental y social es una ardua tarea que requiere voluntad y constancia.

Parte de la naturaleza del ser humano es buscar satisfacer sus necesidades, que van desde las más elementales y básicas -como el comer, dormir y refugio hasta las de orden más complejo como seguridad, trabajo y pertenecer a grupos sociales o comunidades, entre otras.
En la medida en que resolvemos y atendemos nuestras necesidades de la manera adecuada y en el momento oportuno, contribuimos hacia una estabilidad en nuestras vidas, propiciamos condiciones para lograr un óptimo desarrollo físico, psicológico y social, lo cual nos garantiza una madurez, y sobre todo, una buena calidad de vida.

Conciencia colectiva

Es precisamente este concepto, calidad de vida, el que está cada vez más presente en el discurso, visión, metas y objetivos de diversos líderes y grupos sociales y comunitarios, tanto de iniciativa privada como públicos. Esto sin duda nos indica una toma de conciencia colectiva sobre la relevancia y el impacto de trabajar en ella como una prioridad, y sobre todo, como una estrategia que nos posicione en sitios más adecuados de bienestar en nuestro desarrollo individual y social.
Podemos entonces concebir a la calidad de vida desde lo personal o particular hasta lo grupal o comunitario.

Estilos de vida saludables

Cuando tocamos el tema de calidad, seguro nos referimos a condiciones de bienestar, pero no sólo un bienestar pasajero, momentáneo o situacional, sino una condición permanente que impacte el estilo de vida de la persona o comunidad.
Se vuelve entonces una prioridad de los programas de bienestar, promover estilos de vida orientados a procurar la calidad de vida de las personas, es decir, promover una educación y formación de vida que vaya encaminada a dirigir nuestros esfuerzos hacia una labor constante y hacia la atención y resolución de las necesidades que los mismos cambios -propios del desarrollo, humano y social- van generando, tanto en lo individual como en lo colectivo.
Entendemos así que para alcanzar una verdadera calidad de vida es necesario orientar nuestras acciones hacia un trabajo continuo de mejora, centrándolas básicamente en la identificación, atención y resolución adecuada de las necesidades.

Procesos internos

Dentro de lo que se entiende por calidad de vida se encuentra un aspecto que poco se promueve y, por lo tanto, poco se conoce y se trabaja, esto es lo referente a los procesos individuales e internos del ser humano.
Existe una correlación muy importante y significativa del manejo adecuado de las emociones, sentimientos, y sobre todo, del comportamiento, con la construcción adecuada de una calidad de vida
Es común encontrar personas que viven bajo la idea limitada de lo que implica el desarrollo adecuado de una calidad de vida, que consiste en la creencia de que sólo a través de cuestiones monetarias, recursos materiales y acceso a servicios, la podemos obtener.

Difícil, pero no imposible

Una persona con una buena calidad de vida se caracteriza porque siempre goza de salud física, equilibrio emocional, manejo adecuado de sus decisiones, relaciones interpersonales apropiadas, relación de pareja libre de violencia, con autoestima saludable, con un claro proyecto de vida y con expectativas realistas y positivas de la vida y de los demás.
Es importante saber reconocer que todo lo que hacemos, sentimos y pensamos nos debe impulsar hacia una vida mejor y en equilibrio, que promueva el conocimiento de nosotros mismos y que nos brinde la apertura para constantemente revalorar las formas como enfrentamos y resolvemos nuestras necesidades.

Más que bienes materiales

Calidad de vida no es sólo lo material o económico. Si bien es cierto que estos satisfactores son importantes, son sólo un elemento que entra en juego en la construcción adecuada de una mejora en la calidad de vida, pero por sí solos no son suficientes.
Y esto lo vemos representado muy fácilmente cuando observamos a las familias modernas donde ambos -padre y madre- salen a trabajar para obtener más recursos y mejorar las condiciones de vida a partir de incrementar los “accesos” proporcionados por el dinero, y dejan de lado la formación, educación, cuidado y convivencia con los hijos.
El tiempo para que la familia se reúna y las actividades donde todos participan cada vez son menos.
Predominan en cambio las actividades en soledad. Cada quien usa su habitación como guarida ya que ahí se tiene todo lo necesario para pasar el rato, el día o el tiempo que se desee: Computadora con Internet, televisión por cable o algún otro sistema de señal digital, teléfono celular, etc.

Trastornos alimentarios

- Utilizando criterios diagnósticos restringidos se encontró que sólo en la Ciudad de México un 0.9% de los hombres y 2.8% en mujeres sufren de trastornos de la conducta alimentaria. (Unikel, 2000).
- A nivel nacional las cifras de bulimia nerviosa son del 0.6% en hombres y 1.8% en mujeres en la población urbana (Medina Mora, 2003).
- La mayor prevalencia de conducta alimentaria de riesgo se encontró en los chicos de 15 años y jovencitas de 13 años.

Necesidad de cambio

Los seres humanos estamos sujetos a movimientos o cambios, los cuales pueden venir desde lo externo al individuo (lo social); pero también desde lo interno (ideas, sentimientos, emociones); de ahí la importancia de pro-piciar el desarrollo de habilidades para identificar con precisión cuándo se presentan, de qué manera, y en qué sentido va orientada la necesidad de cambio; y así dirigir de la manera más adecuada el tipo de comportamiento que nos lleve a satisfacer tal demanda.
El problema llega cuando carecemos de este tipo de habilidades que nos permitan una adecuada detección e identificación de las necesidades. Y más aún cuando no nos conocemos lo suficiente y mucho menos sabemos el funcionamiento adecuado de nosotros mismos.
Por lo general, nos ocupamos en conocer a las personas con las que nos relacionamos, nos preocupamos en tener dato y detalle de sus gustos, preferencias y disgustos y todo lo que pueda servirnos para tener un comportamiento adecuado ante ellas, con el fin de quedar bien y construir y mantener una relación adecuada.
Esto no significa que lo anterior sea incorrecto y debamos dejar de hacerlo, de ninguna manera, pero si esto primero lo hiciéramos con nosotros mismos -ocuparnos de conocer lo que nos gusta, lo que nos disgusta, lo que nos es útil y lo que obstruye nuestro sano desarrollo, etc.- lograríamos recopilar una importante gama de información que nos permitiría tomar decisiones más acertadas que impacten de una manera adecuada nuestro propio funcionamiento, tanto interno (psicológico) como externo (social).
Recuerde que no puede dar a otros lo que primero no se ha dado a usted mismo. Calidad de vida es hacerse responsable de atender las propias necesidades.

Atender prioridades propias

Otro aspecto que impide que las personas logren el desarrollo adecuado de una calidad de vida tiene que ver con el momento de atender de la manera adecuada y en el momento oportuno sus necesidades.
Como ya se mencionó, un elemento primordial es el conocer e identificar las propias necesidades a partir de las cuales buscar en un segundo momento atenderlas.
Esto difícilmente se logra sobre todo cuando nuestro enfoque es resolver las necesidades de otros como una prioridad.
Esto no significa que nos vamos a aislar y que cada quien resuelva como pueda sus asuntos, más bien nos indica que debemos tener mayor claridad sobre los límites que existen entre lo que nos corresponde atender de nosotros y de otros, y lo que no es nuestra responsabilidad.
Pero sobre todo de qué manera es nuestra coparticipación y apoyo ante los demás.

Riesgos de la modernidad

¿Qué pasa con la calidad de vida de las personas en nuestros días? Tenemos tantos adelantos tecnológicos en diferentes ramas de la ciencia -como la Medicina y otras ramas de la salud- así como en otras disciplinas que directamente impactan en nuestras vidas.
Además, la edad promedio de vida se ha extendido y ahora son más los años estimados como expectativa de vida.
Sin embargo, cada vez son más altas las cifras estimadas de morbilidad y mortalidad en nuestra sociedad por motivo de adicciones (alcoholismo, tabaquismo y drogas ilegales); trastornos de la conducta alimentaria (bulimia, anorexia y trastorno por atracón), y trastornos emocionales (depresión y ansiedad).
Es entonces cuando surgen estos cuestionamientos: ¿No se supone que los adelantos de la era moderna son para tener acceso a una vida mejor?; ¿cómo podemos hablar de la pobreza extrema en nuestras comunidades cuando otras sociedades gozan de recursos y servicios en abundancia?; ¿qué estamos haciendo mal para que no tengamos un equilibrio en nuestra salud física, emocional y social?; ¿qué estamos haciendo con nuestras vidas?; ¿acaso la modernidad va en contra de la calidad de vida?

Manejo de emociones

Es cuando se vuelve necesario hablar de calidad de vida emocional y cognitiva, y esto tiene que ver con el manejo adecuado de nuestros pensamientos y emociones.
¿Le gusta cómo se siente regularmente? ¿está satisfecho con la forma como conceptualiza a los demás o lo que le ocurre?
Es importante revisar y hacer un análisis honesto y justo sobre las emociones y pensamientos que regularmente albergan nuestra vida, ya que a partir de éstos somos capaces de construir lo que hacemos, y podemos saber cómo lo hacemos y cómo nos comportamos. Esto nos brindará la oportunidad de hacer ajustes en esas áreas.
A veces podemos hacerlo por nosotros mismos, pero en ocasiones necesitaremos de un profesional de la conducta que nos auxilie en un proceso de “inventario” respecto a estos recursos, y a partir de los resultados que obtengamos, basaremos una estrategia de mejora.

Ayuda profesional

Esto puede parecer sencillo y en muchos casos puede que lo sea, sin embargo, el problema inicia cuando hay que hacer los cambios, ya que tal vez esos sentimientos, conceptos o ideas han sido parte de nuestra vida por mucho tiempo y eso es un factor a considerar por el arraigo que posiblemente hayan desarrollado en nosotros.
La calidad de vida es un proceso que se construye permanentemente, por lo que hay que adoptar una postura abierta y de gran sensibilidad a los cambios y demandas tanto del exterior como del interior, que nos permitan tomar decisiones y adoptar nuevas formas de afrontar los eventos cotidianos y que nos reditúen en mayor estabilidad en la salud física y emocional.


DATOS DEL COLABORADOR
Fracisco Javier Romero Córdova. Consultor del Programa de Orientación Educativa y Psicológica de la Dirección de Servicios Estudiantiles de la Universidad de Sonora. Cel: (662) 256-5501, e-mail: psicologojavier.romero@hotmail.com
NOTA IMPORTANTE
El contenido de los textos publicados es responsabilidad de nuestros colaboradores, se ofrecen sólo como una guía informativa y nunca deben sustituir la consulta que usted debe hacer a su médico de confianza. No se auto medique, visite periódicamente a su médico. La opinión de nuestros colaboradores no refleja necesariamente nuestra opinión.
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