El trasfondo de las quejas
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Por lo regular los pacientes se inconforman cuando falla el trato interpersonal y la comunicación con su doctor
Para todo paciente es muy importante que el médico le informe con claridad sobre su enfermedad y tratamiento.

Meterse a buscar las causas por las que ocurren las quejas médicas, es andar por los caminos que recorrieron los filósofos cuando buscaban por qué suceden las cosas.
Y hoy con ellos nos preguntamos: ¿Qué es lo que genera una inconformidad entre las personas que intervienen en un acto médico?, ¿por qué los evaluadores de la queja nos circunscribimos a juzgar los elementos técnico-médicos y dejamos fuera la parte relacional del conflicto?
Entremos a la historia para buscar algunas razones que nos expliquen el porqué de esta gran limitación.
Sentémonos en la Academia de Platón (427-347 aC) cuando enseñaba a sus discípulos su antropología dual, la cual separaba el alma (psique, diríamos hoy) del cuerpo.
Esta dualidad permeó la cultura occidental, llegando hasta la mentalidad de los médicos de hoy, y por lo tanto, a la de los médicos y juristas encargados de evaluar las insatisfacciones que se generan en la relación sanitaria, cuando consideramos que se cumple con la lex artis médica, cuando se conjugan en el expediente clínico los datos objetivos salidos del cuerpo, con los cánones que marca la rigurosa ciencia médica para el tratamiento de alguna patología específica. Pero en esta dualidad ¿dónde queda lo psíquico de la persona enferma?

Un caso como ejemplo

Vayamos a uno de estos casos, para luego seguir en la compañía de otros filósofos, que han dado forma a nuestra manera de hacer Medicina.
Concepción N. tiene 54 años de edad; ella padeció Linfoma no Hodking, y los médicos tratantes le prescribieron los medicamentos propios para esta enfermedad, algunos de los cuales, por sus efectos cardio-tóxicos secundarios, lesionaron la fuerza contráctil del corazón, dejando sus cavidades dilatadas.
Ahí se formaron coágulos. Enseguida, uno de estos salió disparado hacia su cerebro, quedando paralizada la mitad del cuerpo.
En esta linealidad técnico-científica, aparentemente no existen motivos de desencuentro entre los participantes y menos aún en el expediente clínico.
El conflicto ¿inició? cuando el esposo le pidió al médico internista, que su esposa fuera atendida por un cardiólogo para que valorara la instauración de un tratamiento anticoagulante, con el fin de prevenir la formación de coágulos, y con ello evitar posibles tromboembolias.
El médico se negó a tal solicitud. El familiar insistió en 2 ocasiones más. El corazón embolizó. Las secuelas físicas y el deterioro mental de Concepción suscitaron la inconformidad. Pero ¿sería sólo el factor técnico-médico lo que generó la queja?
Volvamos a las causas, o mejor dicho, a la causalidad de este asunto: A uno lo han acostumbrado a pensar a la manera de Aristóteles (384 a C), cuando el filósofo aborda el problema de por qué suceden las cosas a través de sus cuatro causas.
Y hoy los médicos, siguiendo el método del estagirita, buscaron y encontraron en Concepción la causa material de su enfermedad, en aquellas células que originaron este cáncer linfático.
Enseguida le diagnosticaron y le informaron a la paciente sobre la causa formal de su padecer: Tiene un linfoma no Hodking. Acto seguido, le prescribieron los medicamentos necesarios, como causa eficiente, para combatir su mal. Y todo lo anterior, con el propósito -causa final- de procurarle su salud.
Ciertamente, el razonamiento aristotélico es limpio y nítido, pero nos fue dejando una forma lineal de pensar. Uno se pregunta aquí ¿qué es ser causa? Lo iremos viendo.

Otras corrientes

Siglos después, los escolásticos dieron otro paso más por la causalidad aristotélica, con aquello de los antecedentes y los consecuentes. Concepción tuvo el antecedente de haber recibido medicamentos potencialmente cardio-tóxicos, y como consecuencia, éstos dañaron su corazón, lo cual es innegable.
Luego, R. Descartes (1596-1650) radicalizará la dualidad platónica, cuando nos enseña que la mente -en nuestro caso, la del médico- sirve para medir la res extensa (el cuerpo de la enferma).
Además, de él aprendimos que lo medible, es lo objetivo. Ahí están objetivamente dañados los tejidos, con sus células de forma, tamaño y número específico, causando la enfermedad. Lo demás… es “subjetividad”.
Enseguida viene G. Leibniz (1646-1716) con su clásico ejemplo “si jalo la cuerda la campana suena”, entonces, la causa es sucesión: Las células malignas harán “sonar” los síntomas en la enferma. Pero, ¿la sucesión de eventos será la causa o hay una causalidad que hace que los datos clínicos se presenten en esta enferma?
De E. Kant (1724-1804) aprendimos que a las causas se llega por los caminos de la ciencia, a través de compaginar la objetividad encontrada, con las definiciones y conceptos que se tienen de las cosas -enfermedades-. ¡Aquí está el expediente clínico que lo corrobora! Pero ¿dónde y cómo queda la realidad personal de Concepción y la inconformidad de su marido?

El método científico

Sigamos por este sendero y nos toparemos con A. Comte (1798-1857), cuando asienta que “la ciencia nos hará felices” y en su catálogo de las ciencias duras, acomoda a la Medicina como ciencia biológica, la cual tendrá que ser estudiada a través del riguroso método científico de su invención.
Y ciertamente, gracias a él, la Medicina es la gran ciencia y técnica biológica que hoy poseemos, pero con una gran limitación: ¿Acaso doña Conchita será sólo iones y moléculas?
Continuemos nuestro recorrido y encontraremos al gran médico y fisiólogo C. Bernard (1813-1878), uno de los padres de la Medicina clínica, quien nos instruirá: “No se necesita saber de la vida ni de la moral de la persona para curar sus enfermedades”.
Desde entonces, los médicos nos hicimos curadores de enfermedades: ¡Éste es el tratamiento para la miocardiopatía dilatada!

Basados en datos duros

Después, cada uno de nosotros, con estilos personales de hacer la Medicina, pero sin salirnos de la causalidad, biológica, objetiva y lineal del positivismo, ahora guiados por los filósofos neokantianos y neocomteanos.
Ayer, Carnap y Wittgenstein le dicen al oído al médico tratante: “La interpretación científica del mundo -de la Medicina- es la única que tiene legitimidad”, por lo tanto, siga con el tratamiento indicado avalado por los datos duros de las estadísticas de “la bibliografía mundial”, obviamente no contaminados por la ¿subjetiva? realidad donde están las personas de Concepción y su esposo, por lo que el médico tratante, apoyado por sus maestros se muestra insensible a todo aquello que pueda disminuir su aprendizaje y su proceder técnico-científico.
Tal vez, por esta posición causal que desdeña el factor humano en la relación sanitaria- por considerarlo subjetivo- el médico no ofreció a la enferma ni a su familiar la explicación suficiente –consentimiento informado- sobre los riesgos -tal vez mayores de posibles hemorragias con el tratamiento anticoagulante-. La hemiplejia llegó. La queja apareció. Y los encontrados no se conciliaron, porque los médicos actuaron conforme al protocolo. El caso se judicializó.

Interacción de las partes

Ahora acompañemos a Xavier Zubiri (1898-1983) para que nos oriente sobre la causalidad circular de su antropología de unidad, cuando afirma: “Causas son las cosas que hay en el mundo, donde las cosas, para ser lo que son, necesitan la relación respectiva con el otro o con lo otro”:
Observemos aquel acto médico, como un campo de causalidad, para saber qué está sucediendo ahí. Nos encontramos en la primera entrevista.
Ahí juntos, se encuentran el paciente y su acompañante, con las personas del equipo médico. Desde aquí ya existe una conexión causal entre los participantes.
¿Qué irá a suceder?, no lo sé, dependerá de cómo funcionen -interactúen- las partes.

Acto médico, unidad relacional

Ahora separemos artificiosamente este acto médico en diferentes campos para analizarlos.
Tomemos 2 que ahora nos interesan: El campo relacional y el campo de la ciencia y técnica médica: En el primero se encuentra la persona enferma con su padecer único y frente a ésta, la persona del médico con características también únicas, ambas individualidades dadas por las situaciones y posiciones diferentes que les da su propia biología y biografía.
Esta diferencia individual, será el motor causal que hará funcionar la unidad relacional que es el acto médico. La persona enferma va en busca de ayuda y la persona del médico se la brinda. Aquí está el vínculo que los enlaza.
Sin la participación de Concepción o del médico, esta relación de necesitados no existiría. Pero ahí están.
Esta unidad de socorrencia, es un chisporroteo de causalidad que afectará íntimamente a los participantes: De Concepción brotan, como una luminaria, los síntomas y signos de su enfermedad, que con luz, iluminarán el entendimiento del médico.
Éste, afectado por aquella luz causal, buscará en el campo de la ciencia y la técnica, las posibles causas de aquel mal -en los factores genéticos, inmunológicos, ambientales, alimenticios, biológicos, emocionales, relacionales, etc., y cuando encuentre las razones causales de aquella, enfermedad, el médico tendrá claridad sobre el padecer de Concepción.
Enseguida, el médico se convertirá en luminaria, y con su luz, alumbrará las dudas de Concepción, para que ella pueda tener claridad sobre su condición de salud.
A través de este vínculo de socorrencia causal, el médico fue llegando al diagnóstico, al pronóstico y a la proposición de la, o las posibles soluciones terapéuticas. Es en este proceso, donde se da el verdadero consentimiento informado.
Aquí salta la pregunta ¿Concepción tuvo claridad sobre su situación de salud, para poder libremente ejercer su derecho a elegir el tratamiento que más le convenía?, ¿acaso esta “subjetividad” no es una verdadera realidad, tan objetiva como lo palpable? ¡Ah, el dualismo platónico!
También es una objetividad cierta, que gracias al pensamiento de Platón, de Descartes, de Kant, de Comte, y los neopositivistas actuales, hoy tenemos la grandiosa ciencia –médica- biológica, que tanto nos enorgullece.
Pero, nos dejó siendo médicos biologistas. Tal vez, ésta sea la razón histórica de por qué los médicos -y los evaluadores de la queja médica- creemos que sólo en lo biológico se encuentra la causa-efecto de la enfermedad y de algunas quejas que se dan en la relación sanitaria. ¡Cuidado!, porque la inconformidad de los inconformes podría dirigirse contra los evaluadores.
Pero también es una gran razón histórica, saber que ciencia y humanismo no están separados en el acto médico.

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DATOS DEL COLABORADOR
José Rentería Torres. Médico. Subcomisionado Médico de la Comisión de Arbitraje Médico del Estado de Sonora. Tel. 217-5582-85 e-mail: joret@iteso.mx
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