Vidas que se consumen
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El ritmo de vida moderna provoca que las personas “quemen” su vitalidad física y mental, y se queden “fuera” del verdadero bienestar
Un trabajo no tiene por qué afectar la salud de la persona, si esto ocurre, algo anda mal en la organización.

El trabajo, tan necesario como medio de sustento y desarrollo, es una parte muy importante de la persona que labora.
Si contamos el número de horas del día dedicadas a trabajar, tomando en cuenta una jornada diaria de ocho horas, los cinco días de la semana, tenemos 40 horas que, multiplicadas por cuatro semanas del mes, son 160 horas, que al multiplicarse por los 12 meses del año acumulan 80 días de trabajo.
Si un trabajador se jubila a los 60 años, en promedio habrá invertido 6.66 años de su vida laborando. Pero éstas son sólo cifras, un aproximado del tiempo de nuestras vidas que pasamos trabajando, puede ser más o menos.

Un síndrome moderno

Pero las cifras son engañosas, muchas veces el trabajo no termina con la jornada diaria y el empleado debe dedicar horas extra a resolver asuntos laborales.
Si dedicamos tanto tiempo de nuestras vidas al trabajo, ¿alguna vez hemos pensado en qué condiciones vivimos estos años?
El estar en un “buen” ambiente laboral no es un pasaporte seguro para una vida sana. Se ha descubierto recientemente un síndrome que puede aparecer en personas que son sometidas a estrés laboral durante mucho tiempo.
Se ha visto más en personas con trabajos estresantes y que deben estar en contacto con otras personas. Se han estudiado poblaciones específicas para detectar la magnitud del llamado síndrome del “burn-out” o del “profesionista quemado”.

Efectos en empresas

A nivel mundial, los estudios confirman que enfermeros, médicos, personal que trabaja en instituciones bancarias, todos aquéllos que están en contacto con otras personas, son más propensos a desarrollar este síndrome.
Se han visto las consecuencias de no detectar este síndrome en las instituciones o en las grandes empresas, como un aumento en el ausentismo laboral, incapacidades, enfermedades psicosomáticas y trastornos psiquiátricos.
Pero desafortunadamente, en nuestro país los empresarios carecen o están limitados al aplicar este conocimiento en favor de sus empleados y de la propia empresa.
Las condiciones laborales continúan igual que hace años o con mínimas modificaciones, sólo las que marca la ley.
Si el conocimiento de la investigación está disponible, ¿por qué no se aplica?, ¿por qué se siguen viendo en la consulta de Psiquiatría cada vez más trastornos asociados a un inadecuado ambiente laboral, a un síndrome “burn-out”?
A todos como sociedad nos afecta, y debería interesarnos porque todos requerimos de servicios, y quienes los otorgan no son robots, son seres humanos como usted, que piensan y sienten.
No debemos esperar que alguien haga algo, debemos comenzar nosotros mismos a detectar los síntomas y tratarlos, acudir con el profesional de la salud correspondiente y esperar que en un futuro, Dios quiera no muy lejano, se le dé más prioridad al tema de la prevención en salud mental y se le dé el lugar que se merece, igual de importante que una diabetes o una enfermedad cardiológica, igual es el sufrimiento que ocasiona el no prevenirlos a tiempo o no tratarlos oportunamente.

Saber prevenir

Cuando se habla de prevención, se limitan los conceptos al ámbito del que se habla, por ejemplo prevención de enfermedades infecciosas, prevención de accidentes laborales, prevención en salud mental, etc.
El conocimiento se fragmenta, lo cual es necesario para que surja la especialización.
Pero el otro paso, no ocurre: La integración de todo el conocimiento es escasa y entonces se hacen intentos que se quedan incompletos, porque no incluyen otros aspectos preventivos. Nadie puede saberlo todo, y dentro de las diferentes ramas de la ciencia, hay un extenso campo de conocimiento que cada vez es mayor.
Por eso, en la actualidad, debe ser prioritario aplicar la integración del conocimiento en el área de la prevención en la salud.
Imagine usted una madre que se preocupe por la salud de sus hijos y prevenga las enfermedades aconsejándoles que se pongan abrigos.
“¡Muy bien!”, diría usted; sin embargo, esa medida quedaría fragmentada si no se complementa con otras como son, por ejemplo, que se laven las manos, el aseo, la higiene en general.
Entonces, prevenimos unas enfermedades, pero contraemos otras por descuido o desconocimiento, parece ser que caemos en un laberinto sin salida.
Y eso es lo que ocurre cuando no se trabaja integralmente, cuando se ve sólo una pieza del rompecabezas; es lo que ocurre cuando dentro del entorno laboral no hay un verdadero equipo de trabajo o una coordinación que permita el flujo de ideas constantes entre los integrantes y que no se limite a la verticalidad del sistema, en donde arriba parece que no pasa nada, pero abajo las cosas pueden ir muy mal. Entonces cada quien camina por el rumbo que más cree que le conviene.

Conocer lo interno

La prevención debería de ser un aspecto más profundo, que evaluara la necesidad de cambiar los estilos de vida y creencias de la persona por unas que les sean más favorables desde el punto de vista de la salud.
No sólo meras recetas de cocina para una “vida feliz”. En salud mental, la prevención debería incluir cada una de las áreas del individuo y no nada más su relación con el medio ambiente (lo externo) sino también lo interno, qué es lo que pasa dentro de “la caja”, dentro de la mente.

Romper paradigmas

El conocimiento del cerebro humano ha avanzado sorprendentemente en los últimos años, también la investigación en todo lo relacionado con la salud mental.
Tenemos tratamientos que si bien no son la panacea, pueden hacer que una persona se reintegre a la sociedad, lo que antes no ocurría con la mayoría de los trastornos psiquiátricos.
Avanzamos en el tratamiento de las enfermedades mentales, pero aún nos encontramos muy distantes de la prevención en salud mental.
La cultura, la información médica parece que le llega a la población al revés del orden lógico: La gente conoce cómo tratar enfermedades, pero no las maneras de prevenirlas. Para romper paradigmas debemos dejar de hacer lo mismo.
Se requiere romper el paradigma de que la única solución es el tratamiento y empezar a ver la otra pieza del rompecabezas que es la prevención. Esto no significa dejar a un lado la investigación en los tratamientos, sino ampliar nuestra visión y conocer no sólo las maneras de tratar las enfermedades sino también cómo evitarlas.
Un sabio de la antigüedad dijo “como es arriba es abajo”. Nosotros mismos somos el reflejo del conocimiento y la cultura que tengamos. Nuestro cuerpo refleja el cuidado que le damos y nuestro estilo de vida. La dicotomía mente-cuerpo ha quedado en la historia, sabemos que no somos sólo un cuerpo, pero aún queda mucho por avanzar en el maravilloso fenómeno de la conciencia humana.

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DATOS DEL COLABORADOR
Dr. Eduardo Monteverde Maldonado. Médico Psiquiatra. Certificado por el Consejo Mexicano de Psiquiatría Jefe del Servicio de Psiquiatría del HGE. Clínica del Noroeste. Consultorio 205. Tel. 212-1371. Cel. (662) 184-3333. drmonteverde@hotmail.com, www.drmonteverde.net
NOTA IMPORTANTE
El contenido de los textos publicados es responsabilidad de nuestros colaboradores, se ofrecen sólo como una guía informativa y nunca deben sustituir la consulta que usted debe hacer a su médico de confianza. No se auto medique, visite periódicamente a su médico. La opinión de nuestros colaboradores no refleja necesariamente nuestra opinión.
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