Urgencia de movimiento
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Síndrome de piernas inquietas
La inmovilidad prolongada y el sedentarismo pueden incrementar los síntomas.

El Síndrome de Piernas Inquietas (SPI) es uno de los pocos trastornos en la neurología y en particular en trastornos del ciclo sueño-vigilia, en los que su nombre describe de forma clara los síntomas que lo caracterizan.
Los datos clínicos que hacen sospechar su presencia son: sensación de “urgencia” para mover las piernas, usualmente acompañada o causada por sensación de incomodidad en ambas piernas. Estas sensaciones pueden ser variables e incluyen hormigueo, ardor, dolor, calambres o picazón.
Generalmente, los síntomas abarcan sólo las piernas; sin embargo, los brazos también pueden estar involucrados. Algunos pacientes sólo presentan la “necesidad” de mover las piernas sin las sensaciones antes mencionadas.
La urgencia para mover las piernas o el experimentar sensaciones desagradables, inicia o empeora durante períodos de reposo o inactividad como al estar sentado o recostado.
A diferencia de otros trastornos del movimiento, el SPI es provocado por el reposo, la inmovilidad prolongada y el sedentarismo pueden incrementar los síntomas.
Por otro lado, esta “urgencia” de movimiento y las sensaciones no placenteras son parcial o totalmente aliviadas por la actividad, tal como el caminar o el estirarse.
Por lo anterior, los pacientes con este síndrome buscan las actividades motoras para reducir sus síntomas.

Definición

Los síntomas pueden presentarse durante las 24 horas del día, sin embargo, es durante la noche cuando empeoran.
Es muy importante mencionar que hasta el 80 por ciento de los pacientes con SPI presentan también Movimientos Periódicos de las Extremidades (MPE), los cuales son frecuentes durante el sueño, pero también pueden ocurrir cuando el paciente se encuentra despierto.
La definición exacta de MPE, es la siguiente: Una o más series de movimientos (mínimo cuatro en series), que ocurren a intervalos entre cinco a 90 segundos, con una duración de 0.5 a cinco segundos y que son más pronunciados en las extremidades inferiores.
Si bien se desconoce el origen de este trastorno, se sabe que existe un fuerte componente hereditario, así como cierta relación con otros procesos neurológicos como son la neuropatía periférica, afecciones de la médula espinal, enfermedad de Parkinson y Esclerosis múltiple.
Situaciones no neurológicas en las cuales puede estar presente el SPI son: el embarazo (principalmente durante el tercer trimestre), la deficiencia de hierro y la anemia, la uremia por insuficiencia renal, diabetes y artritis reumatoide.
Sueño alterado: Los pacientes con SPI frecuentemente presentan dificultad para iniciar y para mantener el sueño (sobretodo para iniciarlo), debido a la incomodidad en las piernas o al cansancio causado por los MPE durante el día. Por lo anterior, el SPI está considerado como un trastorno del sueño.
Además del llamativo cuadro clínico, el diagnóstico y la severidad del padecimiento se establecen por medio de la Polisomnografía, un estudio de sueño, que entre otras cosas, monitorea la actividad muscular durante el mismo, en especial de las extremidades inferiores.

Tratamiento

Está encaminado a mejorar los hábitos de sueño y a suprimir los factores contribuyentes como la deficiencia de hierro con suplementos de este mineral.
El tratamiento farmacológico es con base en agentes dopaminérgicos como la levodopa (un medicamento usado para la enfermedad de Parkinson) y otra opción pueden ser los analgésicos opioides como el propoxifeno o la oxicodona. La carbamazepina, clonazepam, gabapentina y clonidina son alternativas de tratamiento.
Todos estos fármacos requieren la prescripción de un médico con experiencia en el manejo de este trastorno, de ninguna manera es adecuada la automedicación.

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DATOS DEL COLABORADOR
Dr. Luis Javier Flores Río de la Loza. Neurólogo y Neurofisiólogo Clínico. Hospital San José de Hermosillo Segundo piso, Módulo L. Tel. (662) 109-0526. e-mail: luisjav27@hotmail.com
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