Aprenda a dar alegría
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La vida es un misterio que hay que develar, no un problema por resolver
Lograr establecer una conexión amorosa con nuestros hijos o pareja, es la otra “cara” de la moneda del miedo.

Si sólo escucharan la voz y no vieran el rostro de quien la expresa, si sólo miraran los regalos y no atendieran la emoción con que se toman, por quien los recibe y la sonrisa de quien lo otorga, si concentraran su mirada en el valor o belleza de los objetos y no se percataran de las miradas del que da y del que recibe, si no hicieran esto y muchos otros detalles, se perderían del formidable contacto que los seres humanos hacemos, en el momento electrizante del dar.
Para reflexionar qué entendemos como agradecimiento, es preciso echarse un clavado y nadar por “nuestros dentros”, revisar nuestros “haceres” que nadie puede conocer tanto como nosotros mismos.
Si alguien quiere aprender a amar, tiene que empezar por revisar sus sentimientos y cómo estos se conectan… bueno, mejor aún, cómo se aplican en sus actos.
En este momento, por favor, pare la lectura, cierre los ojos, suspire profundamente y respóndase esta pregunta ¿Qué tanto en su vida cotidiana son más frecuentes los suspiros de satisfacción cuando da, que las angustias esperando que le den?
Podríamos ponerlo de otra manera, ¿Cómo se quedan las personas después que hizo lo que usted considera un acto de amor? Déjeme darle unos “tips”:
Se quedan, por ejemplo ¿felices? Y cuando “usan” el regalo que les dio ¿lo disfrutan? Si me piden, como me dice mi amigo Gilberto, que sea más preciso o claro, podría preguntarle a su conciencia, que espero que no sea la de un político, que a todo dice que sí, sin comprometerse absolutamente, por una sencilla razón, nunca ha sido su prioridad atender las necesidades del otro y mucho menos sensibilidad para conocerlas.

La otra cara de la moneda

Pero ya me disgregué con esta pequeñez (me refiero a la conciencia de los políticos) y regreso a su conciencia que es la que no puede auto-engañarse.
Veamos un ejemplo: si está “inculcando” amar a su hijo, lo hace con la carga de interés en él o ella ¿sin exigirle nada a cambio? -¡Claro que no le exijo!- van a contestar al unísono, sin embargo, ese “valor” ¿lo llena de paz?
Si le inculcó el amor, ¿Lo ve contento cuando va a su encuentro? ¿Observa que aprendió a respetar la sutileza del trato a los seres humanos? Habría que recordar que los pensamientos nuestros, deben fluir en el espíritu de nuestros hijos, como entra la luz tenue en sus ojos, con placer y sin esfuerzos.
O acaso ¿Pretende que lo glorifiquen como madre o padre perfecto sobre los demás? Pregúntese ¿Los impulsa hacia la libertad? o ¿consigue que sólo se encuentren seguros en el exclusivo mundo de ustedes? Sea más agudo en su observación y reflexione ¿consigue que se le acerquen espontáneamente o porque se lo pide? o peor aún ¿lo hacen porque le temen?
Lograr establecer una conexión amorosa con nuestros hijos o pareja, es la otra “cara” de la moneda del miedo, mientras el amor es la expresión de la máxima flexibilidad, el temor es la máxima fragilidad, sólo quien es frágil se vuelve rígido.
Todo esto se lo comento, porque el amor supera cualquier obstáculo, confusión, malentendido, coqueteo, contagio nocivo o lo que sea, que crea que puede “malinterpretarlo”.
El amor apunta al encuentro con los demás, a explorar y explorarnos, porque la vida es un misterio que hay que develar, no un problema qué resolver.
No nos posesionamos más que de nuestra experiencia, la cual es siempre transitoria, cambia constantemente, porque nada vale para todo y para siempre, así como nada es bueno para todo y para siempre.

La felicidad de convivir

En este momento, me acuerdo de las palabras del doctor Mendizábal, nos enseñaba “la fría” materia de Bioquímica y nos hacía revolvernos en la silla con sus formulas y sus célebres frases, él sabía hacer su clase tan amena, que conseguía nuestro interés y no sólo nos enseñaba medicina si no también lecciones de la vida, una de ellas decía:
“El verdadero maestro aprende de las lecciones que imparte” Y vaya que él era congruente. En fin, podría seguir escribiendo sobre la trascendencia del ejemplo que les damos a nuestros hijos, cónyuge o alumnos como padres, esposos o maestros, pero considero que todo lo anterior puede ser resumido en este dicho popular “¿Lo que dices es lo que haces?”.
Pero… bueno, regresemos a nuestro tema, aprender a dar comienza con la alegría de convivir, mantener nuestro ánimo receptivo hacia los demás, que no significa aceptar, porque hay posturas peligrosas de las cuales hay que desconfiar, esas son las de las personas sufridoras, esas personas son tan insensibles, que vengarán sus sufrimientos con quienes les aman.
Quizás con ellas vale la pena aprender a aplicar este pensamiento de Humberto Maturana “no son los tiranos los que crean oprimidos, sino al revés”

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DATOS DEL COLABORADOR
Dr. José Felipe Carrillo Martínez. Psicoterapeuta. Tel. (662) 216-56-54, email: drjcarrillo@hotmail.com
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