Humanización de la Medicina
Imprimir Contactar al doctor
Nombre:
E-Mail:
Tu pregunta:
Cuanto es 7 + 2:
 
Las nuevas generaciones de médicos requieren estar preparados para dar al paciente un trato más humano e integral
Un médico debe conocerse a sí mismo para poder comprender y ayudar a sus pacientes.

Uno creyera que las deformaciones genéticas vienen sólo por alteraciones en los cromosomas, pero si ampliamos el término al principio de las cosas, entonces, las deformes hechuras las podemos encontrar en otros órdenes de la vida, como podrían ser las grietas de un edificio causadas por materiales de mala calidad puestos en sus cimientos.
Igual, el estudiante de Medicina humana, al ser privado en su formación de materias básicas de humanidad, podría presentar una gran limitación relacional para ejercer la profesión.
En general, las deformaciones de origen, sean en el cuerpo de la persona, en los edificios o en la formación académica de un alumnado, son expresión fiel de la cultura de la sociedad donde se vive.
A pesar de este troquel que llevamos puesto, también podemos decir que toda cultura es cambiante, lentamente pero cambia, ya que a diferencia de las hormigas, el humano es un animal preguntón que siempre va tras las respuestas de sus constantes dudas y de éstas brotan las culturas y las historias de los diversos pueblos.
¿Uno cambia sólo por cambiar o es la realidad específica con la que nos topamos la que nos exige el cambio?

Curiosa discrepancia

En una reunión de médicos afloró la siguiente interrogante: ¿Qué diferencia de fondo existe entre la Medicina humana y la Medicina veterinaria? El auditorio se dividió en partes iguales. Unos afirmaban: ¡Ninguna! Otros se oponían diciendo: ¡Mucha!
Esta realidad dispar nos lleva hasta la misma formación del médico actual. Entonces ¿cómo está siendo formado el estudiante en las escuelas de Medicina humana cuando admite tal discrepancia? Entre estas dos ciencias médicas existe un paralelismo en el abordaje biológico, físico y tecnológico para llegar al diagnóstico y tratamiento de tantas enfermedades que compartimos con el resto de la animalidad.
De aquí parte la afirmación de que no hay diferencia entre las dos ciencias. La diferencia viene en cómo nos acercamos al psiquismo del enfermo -animal o humano-.
En esto los veterinarios nos llevan ventaja cuando con su ciencia en riestra, se hacen cada vez más animales -perdón por el término, pero verá que mi intención no es peyorativacuando tratan de comprender el psiquismo animal como un medio para acercarse a éste cuando está enfermo.
Aquí entra René -él es un gran médico veterinario y mejor amigo, doctorado en genética, experto en “pie de crías”, quien en su sencillez se califica como un simple inseminador de vacas-, cuando me comenta: “Al estudiante de Medicina veterinaria se le enseña cada vez más psicología animal porque necesitamos ganarnos la confianza del animal para acercarnos a éste cuando está enfermo -y remata- un animal confiado y sin estrés, ya tiene ganada la mitad de la cura.
En cambio, los médicos alópatas hacemos menos humana la Medicina cuando nos abocamos a la cura de una enfermedad e ignoramos el sentir -padecer- de la persona que carga con su enfermedad, cuando -inconscientemente por nuestra formación- separamos el órgano del cuerpo psíquico y al hacerlo, herimos la intimidad de la persona-personalidad del doliente. La desconfianza aflora.
Cuando un órgano está dañado, la persona entera -por su psiquismo diferente a cualquier otro animal- se siente enferma, y sentirse a sí mismo es la esencia de intimidad más íntima, y es desde estas profundidades de donde brota la angustia de saberse en riesgo de perder la salud y/o la vida. Aquí entra el famoso “me, mi, yo” del sentir inteligente de la teoría del conocimiento que enseña Xavier Zubiri: “Me siento mal, es mi cuerpo el que duele, soy yo el que está enfermo, ¡hey, aquí estoy!”

El caso de Juan

Juan, de 42 años, es llevado a un hospital por traer dolor intenso en el bajo vientre, que aumenta al defecar. Está estreñido y ocasionalmente sus heces están manchadas de sangre fresca. Es valorado en el servicio de urgencias por un médico general, quien le toma unas radiografías del abdomen, las cuales muestran una gran cantidad de excremento.
Enseguida llama a un proctólogo de la red -una aseguradora médica- quien indica evacuar el intestino y para el día siguiente a las 7 horas programa una colonoscopía y una gastroscopía -ver el intestino y el estómago con un tubo de fibra óptica-. El diagnóstico fue una fisura anal.
El médico técnicamente cumplió con los protocolos que la Medicina -basada en la evidencia de los datos estadísticos- exige para el estudio y tratamiento de los sangrados gastrointestinales. Pero algo le falta a esta Medicina técnica.
Permítame presentarles algo de Juan: Él es un ejecutivo viajero de una empresa trasnacional, quien continuamente va en automóvil y en avión, consume alimentos igual de peregrinos, sazonados con el apuro de un estado de estrés, que por su muy personal modo de ser, impacta en el blanco de su intestino grueso.
A Juan hoy lo invade la angustia, ya han pasado 12 horas desde que salió del quirófano y no ha visto al médico que lo atendió. Nada sabe sobre su diagnóstico, ni del tratamiento que habrá de seguir, ni cuándo se le dará de alta. La inconformidad aparece. El médico se presentó hasta el día siguiente porque tuvo mucho trabajo en otros hospitales, fue entonces cuando Juan supo la razón de su internamiento: Sólo es una simple fisura anal.

Una “sutil enfermedad”

La anterior queja es síntoma y signo de la enfermedad congénita generalizada que deshumaniza a la Medicina de hoy. Esta enfermedad es tan sutil que pasa desapercibida, incluso para los conciliadores y árbitros de algunas Comisiones de Arbitraje Médico, al no considerar la inconformidad de Juan como una mala práctica médica. Hasta acá llega la confusión de aquella pregunta sobre las diferencias entre la Medicina veterinaria y humana.
Hoy, en las páginas del Inegi ya se puede encontrar la magnitud de la insatisfacción en la relación sanitaria a nivel nacional. Las inconformidades van en aumento, y en el fondo de la mayoría de ellas, subyace una deficiente relación humana.
¿Qué hacer contra una Medicina humana reduccionista, orientada principalmente a la cura técnica de la enfermedad biológica? El problema es nacional y viene desde la formación misma del médico.
Ahora es tiempo de que la Secretaría de Educación Pública; la Anuies -en su capítulo Escuelas de Medicina-, la Secretaría de Salud, las academias nacionales de Medicina y Cirugía, el Consejo Mexicano de Arbitraje Médico, entre otros, juntos, evalúen y diseñen un nuevo plan curricular en la enseñanza de la Medicina, orientado no sólo a la cura técnica de la enfermedad biológica, sino al conocimiento de la persona enferma.

Gritos y lamentos

A manera de reflexión, la insatisfacción de Juan ¿será un caso de excepción?, ¿el médico buscó atender a una persona enferma? En comunicación, la ausencia y el silencio pueden ser gritos y/o lamentos. En cuanto al psiquismo ¿hubo acercamiento y confianza entre las partes?, ¿la sociedad influyó en la presencia de la enfermedad de Juan y en la formación del médico?, ¿se hizo una reflexión -ética- sobre el problema suscitado?, ¿la controversia dejó algún aprendizaje? Una última pregunta: ¿Juan fue tratado con una Medicina humana o deshumanizante?

Una nueva formación

Junto con las materias básicas y las habilidades adquiridas para el manejo de la sorprendente técnica médica, el alumno, igual, debe ser un experto en el conocimiento del psiquismo humano, para que pueda ejercer una Medicina realmente humana. Aquí va una propuesta curricular de materias humanísticas secuenciadas y semestrales:
- Antropología filosófica, donde el alumno aprendería qué es la vida; el humano en el contexto de la vida sobre la tierra; qué es ser persona; qué es ser persona humana; qué es la salud, la enfermedad y la muerte.
- Psicología de la personalidad y autoconocimiento: El psiquismo humano; el sentir inteligente; cómo es la personalidad propia y conocer el rostro del otro.
- Teoría circular de la comunicación humana: No hay manera de no comunicar.
- Dimensión social e histórica del humano: La sociedad como promotora de salud o generadora de enfermedad.
- Ética: Orígenes biológicos del ser ético; la capacidad de reflexión sobre nuestro actuar.


DATOS DEL COLABORADOR
José Rentería Torres. Médico. Subcomisionado Médico de la Comisión de Arbitraje Médico del Estado de Sonora. Tel. 217-5582-85, e-mail: joret@iteso.mx
NOTA IMPORTANTE
El contenido de los textos publicados es responsabilidad de nuestros colaboradores, se ofrecen sólo como una guía informativa y nunca deben sustituir la consulta que usted debe hacer a su médico de confianza. No se auto medique, visite periódicamente a su médico. La opinión de nuestros colaboradores no refleja necesariamente nuestra opinión.
No se econtraron comentarios para esta nota.
Comentario: