La “película” de la vida
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Cada actitud y acción de los padres dejará en sus retoños una huella imborrable
De la convivencia surgen experiencias de todo tipo que se recordarán durante toda la vida.
Una mañana fría de invierno, unos padres de familia tomaban una taza de café mientras seleccionaban unas fotos familiares para formar un álbum. Ambos comentaban y recordaban alegremente épocas pasadas.
¡Qué bonitos momentos hemos pasado juntos!, ¿te acuerdas cuando tomamos estas fotos, andábamos perdidos en el Sureste, entonces sólo estábamos tú y yo, ¡éramos unos vagos! ¿verdad?, espero que sigamos con nuestras vagancias.
- ¿Y tus hijos?
- A esos… les dejamos la fórmula de la pócima.
- ¿Cuál pócima?
- La que inventamos tú y yo.
- ¿Van a repetir lo nuestro?
- No, ellos harán la suya.
- Entonces, “la pócima” ¿la guardarán como un recuerdo?
- Hummm... Sí.
- Y ¿para qué les servirá guardar un recuerdo?
- Es una referencia.
- ¿Una referencia?
- De lo que tuvieron con nosotros, de lo que fueron con nosotros, de lo que vieron que hicimos tú y yo. Los seres humanos somos un gran almacén de recuerdos y olvidos, aunque al final perduran los recuerdos, porque los olvidos olvidados, esos, haz de cuenta que jamás sucedieron o existieron, porque ya no viven en nuestra memoria.
- Tú qué crees ¿estaremos dejándoles bonitos recuerdos?
- Nosotros, queramos o no, estaremos dejándoles recuerdos. Son ellos quienes van a diferenciar los que son buenos, bonitos, feos o malos. Yo creo que las experiencias menores cotidianas, nuestros detalles, son los que transitan con éxito el camino para alcanzar el estatus hermoso de ser para ellos un recuerdo.
- ¿Cuándo se van a acordar de los recuerdos?
- No lo sé, lo que sí sé, es que nosotros no nos hicimos padres de un “jalón”, fuimos tropezando, ¿cuántos tropiezos tuvieron que ocurrir para guardarlos en nuestra memoria?, ¡uuuuh!, tú sabes muy bien que fueron muchos, es más, los aciertos son producto “corregido” de los tropezones.
Lo que espero es que nuestros hijos aprendan a creer que los tropezones son la oportunidad de corregir sus fallas y no anden atormentándose con los lamentos.
- ¿Por qué dices que aprendan a creer, acaso aprender es asunto de fe?
- Puede ser, pero ése no es el sentido que le quiero dar a la palabra creer, lo que quiero decirte es que uno ve lo que cree, si ellos no creen que “sus metidas de pata” son una sacudida a su conciencia, es muy probable que ni siquiera se den cuenta de sus errores.
- Entonces ¿es necesario que se equivoquen muchas veces para que “sacudan su conciencia” y aprendan a creer que corregir los errores es el camino correcto para ser mejores?
- No sé cuántas veces han de equivocarse para que aprendan a creer en las correcciones de sus fallas sin que se estén atormentando, por ejemplo, ¿cuántas veces me han visto que le echo la culpa a los demás de mis fallas?
Si observan que paso la vida lamentándome y sigo cometiendo los mismos errores, es probable que ellos no vean y mucho menos crean, que corregir los errores valga la pena. Espero que esa manera de corregir no sea parte de lo que les dejaremos a ellos como ejemplo.
- Fíjate que me estoy dando cuenta que los esposos son el pilar principal de la familia.
- Es cierto, el núcleo de la familia lo constituyen los esposos, esa observación tuya es importante, ¿qué fue de lo que te diste cuenta?
- Que nuestros hijos diariamente están observando las formas como corregimos, porque si lo haces enojado o yo lo hago enojada, no creo que vean que estamos corrigiendo, más bien damos la imagen de hacer algo forzado, como culpando, eso, como dices tú, no sacude ninguna conciencia. Bueno, eso es lo que yo creo, y ahora que lo dijiste lo estoy viendo, porque me he dado cuenta que cuando corriges tranquilamente tus errores, te calmas.
- ¿Lo ves? ¡Ahora lo crees!, aunque en este caso a mí me esté yendo de la patada… Pero está bien, me estás sacudiendo la conciencia.
- ¿Tú crees que ellos van hacer lo mismo?
- Yo espero que sí.
- Entonces nuestros hijos van a mejorar nuestra pócima.
- ¡Qué bueno!, les irá mejor a nuestros nietos.
- Ja, ja, ja, ja, ésa estuvo buena… vamos a seguir viendo las fotos.
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DATOS DEL COLABORADOR
Dr. José Felipe Carrillo Martínez. Psicoterapeuta. Tel. 216-5654. e-mail: drjcarrillo@hotmail.com
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