El riesgo ambiental
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La población mexicana debe estar preparada para evitar y enfrentar desastres naturales o humanos
En nuestro país es común ver asentamientos humanos en zonas de alto riesgo de inundaciones o derrumbes.

Resulta paradójico observar que a medida que se desarrolla nueva tecnología y se descubren y comercializan nuevos productos tendientes a mejorar nuestra calidad de vida, los peligros que atentan contra nuestra salud e integridad física y psicológica también aumentan.
Cuando dichos peligros se cuantifican de una manera tal que es posible estimar la probabilidad de su ocurrencia y la magnitud de sus efectos, entonces hablamos de riesgos al ambiente y a la salud de la población.
Por su origen, los riesgos pueden clasificarse en naturales y antropogénicos (causados por el hombre).
Aunque los primeros sin lugar a dudas han causado -y siguen causando- un mayor número de muertes por eventos atribuidos de forma directa, son los segundos, es decir, aquéllos que son provocados por acción del hombre los que por lo regular ocasionan mayor impacto e inconformidad social.
Según Peter Sandman, investigador y consultor, experto en comunicación de riesgos, la población está más dispuesta a aceptar las consecuencias de un fenómeno perturbador de origen natural que ocurrió por “mala suerte”, mientras que percibe que todo accidente originado por el humano siempre pudo ser evitado.

Conciencia en la población

La percepción del riesgo entonces, es un elemento clave que debe tomarse en cuenta en la evaluación de riesgos, y sobre todo, en el manejo o administración de los mismos. La evaluación y administración de riesgos permiten a una determinada comunidad contar con estrategias adecuadas para prevenir la ocurrencia de accidentes y/o desastres, o en su defecto, poder controlar y minimizar sus efectos cuando éstos se presentan.
Por tanto, es necesario por consecuencia, que a medida que buscamos el desarrollo tecnológico y económico de nuestra sociedad, alentado tanto en el discurso como en las políticas públicas, se procure contar con el fomento de una cultura de la prevención de accidentes y de la protección civil.
Esto no sólo se logra a través de la promulgación de leyes y reglamentos (aunque es un primer paso indispensable), sino que es necesario que la población misma esté consciente de los riesgos y adopte medidas que de manera individual ayuden a conseguir condiciones de vida más sanas y seguras.

Poca cultura de la prevención

Por ejemplo, Sonora cuenta desde el 2005 con la Ley 161 de Protección Civil; sin embargo, aún estamos lejos de considerarnos una sociedad con una cultura de la prevención verdaderamente arraigada. Seguimos tomando el camino material y humano más costoso: Muy reactivos y solidarios ante los desafortunados sucesos que se presentan a lo largo y ancho de nuestro territorio, pero poca preparación para prevenir la ocurrencia de desastres y de sus efectos adversos asociados. Poco trabajo previo, mucho desgaste y protagonismo durante el evento.
Según el último reporte del World Watch Institute, la ocurrencia de desastres naturales a nivel mundial se duplicó en los últimos 20 años.
El número de víctimas se incrementó durante este período en un 10%, lo que significó un total de 3.8 mil millones de personas, ¡la mitad de la población mundial!
En México, de acuerdo con datos reportados por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), Sonora se encuentra en promedio ligeramente por abajo de la media nacional respecto al número de emergencias ambientales reportadas anualmente (alrededor de 20).

Fuera de control

Técnicamente, una emergencia no es lo mismo que un desastre, ya que este último se presenta cuando una situación de emergencia mayor rebasa la capacidad de respuesta de atención instalada, alterando el funcionamiento habitual de una comunidad para hacerle frente.
En otras palabras, una emergencia deriva en desastre (aunque éste puede presentarse sin la primera) cuando se sale de control con los recursos locales disponibles.
Por lo tanto, debido a su naturaleza y acción, es más probable que los agentes perturbadores de origen natural ocasionen “desastres” en comparación con los de origen antropogénico, aunque casos como las explosiones de Bhopal en 1984 (en una fábrica de aditivos para plaguicidas) y la de Chernobyl, 2 años después (en una planta nuclear), son claras excepciones.

Afectan todas las esferas

Los desastres se caracterizan por la magnitud de los daños ocasionados a una comunidad y a sus individuos, afectando las esferas biológica, psicológica y social. Los desastres ocasionados por un mismo agente perturbador afectarán de forma diferente a las comunidades y a los individuos que las conforman, dependiendo de su grado de vulnerabilidad.
Este aspecto es crucial al momento de hacer una evaluación de riesgos y análisis de necesidades de una población, porque los efectos y los requerimientos de atención van a cambiar dependiendo de su vulnerabilidad. Los desastres elevan los niveles de pobreza y desigualdad, los cuales -en sí mismos- son factores que agravan la situación.

Zonas de marginación y riesgo

Por ejemplo, establecer grandes asentamientos en zonas sísmicas o en costas donde se presentan huracanes con frecuencia, hace muy probable que la ocurrencia de estos fenómenos ocasione pérdidas humanas y materiales aún mayores, sobre todo en áreas específicas de alta marginación, ya que las condiciones de vida de esa población ya son de por sí desfavorables antes de la aparición del agente perturbador.
Sin embargo, existen razones políticas, económicas y demográficas que al parecer dificultan el proceso de reducir el riesgo y la vulnerabilidad de ciertos grupos, que a su vez, impactan a la comunidad de la cual forman parte.
Es común observar asentamientos muy pobres, la mayoría de las veces irregulares, en laderas o elevaciones de difícil acceso y con alta propensión a derrumbes y deslizamientos.

Afecta corrupción

Aún quedan muchas áreas de oportunidad para reducir la vulnerabilidad y limitar la exposición a riesgos, tales como la instalación de estructuras protectoras en zonas de huracanes, normas de construcción más estrictas en zonas sísmicas y diseño de programas completos de protección civil a nivel local.
Si la acentuación de vulnerabilidades es responsabilidad humana, también lo es el manejo inadecuado de los desastres y la corrupción, tal como ocurrió recientemente en Myanmar (la otrora Birmania) con el ciclón Nagris.
El Ing. Fidel Peña Angón, de la Federación Internacional de la Cruz Roja y Media Luna Roja, comentaba cómo las autoridades militares se negaron a recibir ayuda de las agencias y organizaciones no gubernamentales internacionales, salvo la económica, la cual no emplearon del todo en las labores de rescate.
Debemos estar preparados bien y oportunamente ante la posibilidad de ocurrencia de desastres, primeramente identificando los riesgos más importantes y las situaciones que generen mayor vulnerabilidad.
Esto permitirá ir fomentando esa cultura de prevención en nuestra sociedad la cual a su vez redundará en la toma de medidas más eficientes, es decir, lograr salvar más vidas y perder menos tranquilidad.
Así podremos pasar de una solidaridad como servicio humanitario en un momento y espacio dados, a una solidaridad como un auténtico estilo de vida, como lo afirma el Dr. Luis Arangurén, doctor en Filosofía y director editorial de PPC Editores de España.
Aprovecho para agradecer a la Federación Médica de Sonora, a través de su presidente actual, Dr. Jaime Castillo Ramos, y de su presidente anterior -QFB. Héctor Tagles Zavala- por el apoyo recibido para cursar el Diplomado en Salud Pública y Asistencia Sanitaria en Casos de Desastres en el Instituto Nacional de Salud Pública, ofrecido en conjunto con el Comité Internacional de la Cruz Roja.


DATOS DEL COLABORADOR
MC Héctor Duarte Tagles, Maestrías en Ingeniería Ambiental y en Salud Ambiental y Ocupacional. Estudios Doctorales en Salud Pública y Epidemiología.Miembro del Colegio de Profesionales en Salud Pública del Estado de Sonora, A.C. Cel. (662) 200-7018, e-mail: m07150102@espm.insp.mx
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