Con las drogas todo cambia
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Los padres de familia pueden detectar a tiempo cuándo un niño o jovencito comienza a drogarse sólo con observarlo
Cambios frecuentes y drásticos de estado anímico pueden ser señal de que un jovencito está consumiendo alguna droga.

La palabra preocupación, del latín praeoccupare, significa, según el Diccionario de la Real Academia Española en su vigésima segunda edición, ocupar antes o anticipadamente algo.
En los últimos años, la prevención ha sido uno de los aspectos donde se ha hecho mayor énfasis en todas las ramas de la Medicina, y la salud mental no es la excepción; sabemos que es menos costoso prevenir que tratar una enfermedad ya presente. En lo que se refiere a salud escolar, el ambiente en los planteles es clave en la salud mental del alumno.
La escuela es donde pasa gran parte del tiempo de su vida, y por lo tanto, se convierte en un área de riesgo para el deterioro de la mente y escenario donde pueden aparecer por vez primera síntomas de trastornos.
Es por ello que se hace indispensable la intervención de la Psiquiatría como rama de la Medicina, enfocada a prevenir trastornos que aparecen en edades tempranas y que pueden desencadenarse al exponerse a diversos estímulos nocivos para el cerebro, como es el caso de las drogas.

Tendencias del consumo

Las drogas son sustancias cuyos componentes químicos alteran las funciones normales de los seres humanos. Las hay legales como el alcohol y el tabaco, y las ilegales, entre las que podemos mencionar a la mariguana, cocaína, crystal, heroína, éxtasis, LSD, etc.
Desafortunadamente, el consumo de estas drogas va en aumento en México, y de acuerdo con estudios recientes, la población comienza a mostrar ciertas características:
- Cada vez los niños se adentran en el mundo de las drogas a más temprana edad, sin que hasta el momento pueda revertirse esta tendencia.
- En la mayoría de los casos, el alcohol es la puerta de entrada al consumo de otras drogas.
- Los jóvenes comienzan a drogarse con sustancias que tienen un alto potencial adictivo como la heroína, la cocaína y el "crystal".
Se trata de drogas que son más difíciles para dejarlas de usar y que pueden dañar el cerebro de manera irreversible.
- Otra dificultad para enfrentar esta problemática es que en el tratamiento de niños y adolescentes, es más complicado dar ciertos medicamentos o es necesario indicar la dosis muy cuidadosamente.
- En el caso de los adolescentes, la etapa de reafirmación de la personalidad por la que pasan provoca que tengan conductas que chocan con las figuras de autoridad, lo que puede representar para la familia todo un “viacrucis”.

Sitios de riesgo

Prevenir es mejor que preocuparse, porque el miedo al dolor puede ser un síntoma. Imagine al padre de familia que se preocupa porque sus hijos vayan a consumir droga en la escuela pero no hace nada, sólo se queda en un estado de shock o indecisión que le genera angustia.
No discutiremos si se les vende o no drogas en las escuelas, porque creo que el conocimiento de todo padre de familia actual está más allá de eso. Las escuelas son un lugar de riesgo y no podemos cerrar los ojos ante la realidad, pero sí podemos intervenir como padres detectando el consumo de enervantes.
Muchas medidas aplicadas en la actualidad son controversiales, pues algunas, al evitar el consumo de drogas, como efecto adverso pueden también producir daño psicológico.
Es por ello que buscaremos poner al alcance de los padres las que son más fáciles de aplicar, que carecen de efectos mentales adversos que están dentro del marco de los derechos de los niños y de cualquier ser humano.

Moderación y flexibilidad

Al querer prevenir el consumo de drogas a edad temprana, muchos padres se confunden y se convierten en “papás militarizados” o “papás policías”, lo cual tampoco es sano.
Siempre se sugiere utilizar la moderación y la flexibilidad y con una adecuada dosis de comunicación, se puede ayudar a aquel niño que ha comenzado a estar en contacto con alguna droga, o al adolescente que empieza a consumir de manera reiterativa una o varias drogas.
El estilo de educación varía de una familia a otra, pero los siguientes puntos, pueden ayudar a los padres a detectar las señales que pudieran ser clave para la detección temprana del consumo de drogas.
Digamos que son algunos signos que no deben tomarse a “rajatabla”, sino más bien ubicarse dentro de todo un contexto de conductas, que pueden orientarnos si tenemos sospecha de que un niño o jovencito se droga.
Pero aun si su hijo presenta todas las conductas que describiremos no necesariamente indica que esté consumiendo droga, debemos ser cautelosos porque muchas enfermedades pueden dar síntomas parecidos.
Sin embargo, el sentido común -que por ahí dicen es el menos común de los sentidos- nos puede ayudar en esto.

Favorecer la comunicación

Estar conscientes de que el riesgo existe, más que ponerse en estado de alerta o angustia, sirve para que en estos tiempos los padres busquen una mejor comunicación con sus hijos.
Es necesario romper esquemas tradicionales rígidos que impiden la comunicación para lograr el cambio que se desea, ser flexibles y aceptar las conductas propias de la niñez y adolescencia.
No esperar que los hijos menores de edad actúen como “adultitos”, pero sí propiciar el sentido de responsabilidad para favorecer el desarrollo sano de su persona.

Drogas y síntomas de su consumo

Es muy importante conocer los efectos de las drogas para poder saber cuándo un menor de edad o adolescente está bajo los influjos de una de éstas:

- Alcohol (“pisto”, “cheve”, vino, licor): Cambios importantes en su personalidad como irritabilidad, agresividad o violencia; “lagunas mentales” incapaz de recordar lo que hizo mientras estaba bebiendo; síntomas de abstinencia al día siguiente: mareo, náusea, vómito, dolor de cabeza, temblor de manos, ojos rojos, sed). Problemas en la escuela, en el trabajo y en las relaciones sociales.
- Tabaco (“baco”, cigarro): Ulceraciones frecuentes en la boca con tos persistente, mal aliento, la comida no le sabe igual. Coloración amarillenta de los dientes o dedos de las manos. Frecuentes dolores de cabeza. Se le observa inquieto, impaciente e intranquilo cuando no fuma, disminución en la condición física, se cansa más rápido, deja de hacer deportes si es que practicaba o se vuelve más sedentario.
- Mariguana (“mota”, “yerba”, “quemarle los pies a judas”): Parece mareado o tiene dificultades para caminar; alteraciones emocionales: irritable, ansioso, deprimido, temeroso; conducta pueril: risas sin motivo, se comporta como niño o se le ve distraído como si estuviera “ido”; ojos rojos, usa lentes oscuros y gotas oftálmicas con frecuencia; fallas en la memoria reciente. Residuos de “mota” u hojas de papel arroz en su recámara, olor a “petate quemado”. Uso frecuente de incienso o aromatizantes sin razón aparente, le da mucha hambre y sed de repente. Puede alucinar con que le hablan o ver los objetos deformados, quiere pasar más tiempo solo, apatía por hacer actividades.
- Cocaína y crack (“coca”, “piedra”, “talco”, “espolvorearse la nariz”): El jovencito se muestra irritable, agresivo, eufórico e hiperactivo, se mueve excesivamente o hace muchas cosas a la vez sin terminar ninguna. Necesita disponer de más dinero ya que no le alcanza para cubrir sus gastos habituales. Puede estar triste o deprimido. Está ansioso y busca con desesperación la sustancia. Presenta insomnio, no tiene apetito, pierde peso. Usa artículos para preparar y aspirar la cocaína: hojas de rasurar, vidrios o espejos pequeños para cortar la droga, popotes, pipas de vidrio, gasta mucho papel de baño o pañuelos desechables para limpiarse la nariz, se rasca constantemente la nariz. Cuando se inyecta pueden verse en brazos piquetes de las agujas que se utiliza. Estados paranoides con miedos intensos de tipo persecutorio; cree que lo siguen, que alguien o personas conocidas o desconocidas le quieren hacer daño.
- Inhalables: (“chemo”, cemento, “activo”, pvc, thinner, resistol): La persona, su habitación y su ropa tienen un olor característico de tipo químico; al hablar “arrastra” las palabras como si estuviera borracho o mareado; residuos de pintura, pegamento u otros productos en ropa y cara; enrojecimiento o inflamación alrededor de la nariz o boca; el jovencito se observa irritable inquieto, anda como “zombie”, deja de asearse y descuida su arreglo personal.
- “Crystal“ (“foco”): Disminuye la necesidad de dormir y de comer, se le ve demacrado y en ocasiones irritable. Se muestra “parlanchín”, hace planes para el futuro saltando de un tema a otro. Aumenta la actividad, pasa en la calle muchas horas; ideas extrañas que no concuerdan con la realidad. Puede tener momentos de crisis depresivas, ideas suicidas y alucinaciones (más durante la abstinencia). Se le encuentran focos vacíos en su cuarto o restos de globos, así como popotes, puede tener lesiones en piel ya que puede provocárselas durante las alucinaciones.
- Tranquilizantes e hipnóticos (“pastas”, “reinas”): Son utilizadas para disminuir los efectos secundarios de otras drogas, “para quitarse la malilla” o “dar el bajón”. Habla “farfullarte” (como si la lengua le pesara). El niño o adolescente actúa como si no le importara nada o estuviera “adormilado”; tiene fallas de memoria, ansiedad, quiere pasar dormido más tiempo de lo acostumbrado.
- Heroína “azúcar morena”, “reina”: Marcas o inyecciones en los brazos, piernas, pies o manos, sin que exista una enfermedad que lo justifique; poco o nulo interés en la escuela, trabajo y con la familia evita la convivencia, se aísla o pasa varias horas fuera de casa. Aparecen nuevas “amistades” con las que se junta para consumir. Desinterés en su arreglo personal. Cambios fuertes en su estado de ánimo: irritable, agresivo, eufórico, ansioso. Dolores abdominales, calambres, aspecto demacrado, piel seca, disminuye el tejido adiposo, pierde peso, se le ven “ojeras”. No le alcanza el dinero, préstamos constantes, toma dinero sin avisar u objetos de casa para venderlos y tener dinero para comprar la droga. Estreñimiento, dolores de estómago intensos sin causa aparente. Abstinencia con síntomas severos donde es capaz de hacer cualquier cosa por conseguir otra dosis. Pide regalos para después venderlos y poder seguir consumiendo cuando no tiene dinero.
- Alucinógenos (LSD, “ácidos”, peyote, hongos, PCP): El adicto se aísla, da la impresión de estar ausente (“ido”), desorientado; habla incoherencias (palabras sin sentido ni lógica); tiene alucinaciones(ve cosas, escucha voces que los demás no); suelen pasar por estados de pánico agudo (“mal viaje”); problemas de coordinación, náuseas, vómitos; se presentan también “flashbacks” (efectos retardados de la droga que pueden presentarse días, semanas o meses después de haber utilizado la droga); el adicto puede llegar a convulsionar. Pueden encontrarse restos de papelitos con personajes de caricaturas infantiles o símbolos en su cuarto o cubos de azúcar que se impregnan con la droga.


DATOS DEL COLABORADOR
Dr. Eduardo Monteverde Maldonado. Médico Psiquiatra. Certificado por el Consejo Mexicano de Psiquiatría Jefe del Servicio de Psiquiatría del HGE. Clínica del Noroeste. Consultorio No. 205 Tel. 212-1371. Cel. (662) 184-3333. drmonteverde@hotmail.com, www.drmonteverde.net
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