Esclerosis múltiple
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Es una alteración que afecta el sistema nervioso central, que puede manifestarse de forma leve a severa
Las personas que han tenido brotes de esclerosis múltiple requieren terapias de rehabilitación.

La esclerosis múltiple (EM), enfermedad descrita por el eminente neurólogo francés Jean Martin Charcot, es uno de los padecimientos neurológicos más temidos.
Se trata de una enfermedad de causa desconocida, en cuyo origen están implicados factores genéticos, ambientales, infecciosos, y sobre todo, geográficos.
En cuanto a este último factor, se sabe que la enfermedad es más común en ciertas latitudes, por lo que el riesgo de padecerla varía en las distintas regiones del mundo.
La enfermedad tiene mayor incidencia en países europeos y en el norte de América, mientras que en el centro y Sudamérica el número de casos se reduce considerablemente. No obstante, en México se observa con cierta frecuencia y es una de las principales causas de internamiento en los servicios de Neurología.

Daño a la mielina

Se sabe con certeza que en esta enfermedad intervienen factores inmunológicos que generan el daño en la sustancia blanca del sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) formada por la mielina
La mielina es producida por células llamadas oligodendrocitos y tiene como principal función la correcta y rápida transmisión de las señales entre las neuronas.
Por razones no del todo comprendidas, algunos anticuerpos y células inmunitarias -como los linfocitos T- cruzan la barrera hematoencefálica y destruyen la mielina, por lo que a la EM se le conoce como el prototipo de las enfermedades desmielinizantes

Una mejoría engañosa

Los signos y síntomas que aparecen, dependen del sitio de afección en el sistema nervioso central. Una característica fundamental de esta enfermedad es el daño simultáneo en dos o más sitios del sistema nervioso central que no guardan relación por su ubicación, es decir, hay que tomar en cuenta la presentación de los fenómenos clínicos en el espacio y en el tiempo.
En el 80% de los casos, el tipo de EM es el llamado brote-remisión, en el que aparece un episodio de alteraciones neurológicas que se instalan en horas y duran más de un día, y finalmente el paciente mejora pero quedan secuelas que se van sumando conforme se van presentando más brotes a través de los meses o años.
Por ejemplo, un paciente que presenta un brote puede tener de forma súbita pérdida de la agudeza visual de un ojo, además de disminución de la fuerza muscular en la mitad del cuerpo; posiblemente el siguiente brote se manifestará de forma diferente, como por ejemplo con pérdida de la fuerza muscular en ambas piernas e incontinencia urinaria, etc.
Esta enfermedad se comporta diferente entre un individuo y otro, y los brotes pueden variar en número, magnitud, signos y síntomas.

Estudios indicados

Si se sospecha de esta enfermedad, deben indicarse los siguientes estudios:
- Resonancia Magnética: Este estudio es uno de los más útiles ya que es capaz de mostrarnos las lesiones típicas de la EM, conocidas como “dedos de Dawson” que se hallan en la sustancia blanca del cerebro y/o médula espinal.
- Potenciales Evocados: Existen 3 tipos. 1) Visuales, que estudian la vía visual prequiasmática; 2) Auditivos, que analizan la vía auditiva desde el nivel periférico hasta su trayecto en el tallo cerebral, y 3) Somato-sensoriales, que estudian la conducción sensitiva a través de los cordones posteriores de la médula espinal y su integración hasta la corteza cerebral.
Las 3 modalidades de potenciales deben ser realizadas en un paciente con posible EM, ya que las placas desmielinizantes aparecen simultáneamente en diferentes sitios del sistema nervioso central.
Una gran ventaja de estos potenciales, es que pueden evidenciar algunas lesiones que aún no se han manifestado clínicamente (silentes).
- Análisis de líquido cefalorraquídeo (LCR): Se obtiene el LCR por medio de una punción lumbar y se analiza en busca de unos anticuerpos conocidos como bandas oligo-clonales (BOC) que pueden estar presentes en un gran porcentaje de estos enfermos. Sin embargo, estas BOC no son tan específicas, ya que también pueden aparecer en otras enfermedades de origen inmunológico como son las vasculitis.

Tratamiento

El tratamiento va dirigido a 3 aspectos fundamentales:
1.- Manejo de los brotes: Al ser detectados, deben aplicarse “bolos” o “pulsos” con esteroides vía intravenosa para contrarrestar el efecto dañino de la reacción inmunológica alterada que causa el brote. Se aplican por 3 a 5 días dependiendo de la respuesta y posteriormente se da el esteroide vía oral reduciéndolo paulatinamente.
2.- Terapia modificadora de la enfermedad: Es un tratamiento a largo plazo, ya que su aplicación protege con el paso del tiempo de la aparición de nuevos brotes. Si bien esta terapia -que suele hacerse con interferones (alfa o beta) o con acetato de glatiramer no acaba por completo con los brotes, sí los disminuye de manera considerable.
3.- Manejo de las secuelas: Como cada brote deja una secuela, es muy importante que el paciente se mantenga en terapia física y rehabilitación neurológica constante, para disminuir lo más posible el impacto que deja cada brote.
En la actualidad se ensaya con nuevos métodos de tratamiento que quizás en un futuro no muy lejano, desemboquen en la cura de esta enfermedad.

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DATOS DEL COLABORADOR
Dr. Luis Javier Flores Río de la Loza, Neurólogo Re-certificado y Neurofisiólogo Clínico. Hospital San José de Hermosillo, 2do piso, Módulo L. Tel.- (662) 109-0526, Cel. (662) 124-4574, e-mail: luisjav27@hotmail.com
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