Bebidas que “envenenan”
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En nuestro medio, el alto consumo de refrescos gaseosos y con alto contenido de azúcares ha contribuido a la epidemia de obesidad
México es uno de los principales consumidores de bebidas altamente calóricas.

La prevalencia de sobrepeso, obesidad y diabetes aumentaron con rapidez en México en las últimas dos décadas.
La preocupación por la excesiva ingestión de alimentos -dado el bajo gasto energético por la falta de ejercicio- es el reto mayor que enfrenta el país.
Las bebidas azucaradas y refrescos representan la quinta parte de la energía que consumen los mexicano. Esta invasión de gaseosas y bebidas con aporte energético incrementan el riesgo de obesidad y enfermedades crónicas.
Considerando los beneficios y riesgos para la salud y nutrición, así como el patrón de consumo de las bebidas en México, la Secretaría de Salud convocó a un comité de expertos para la elaboración de las “Recomendaciones sobre el consumo de bebidas para la población mexicana”.
La finalidad fue desarrollar lineamientos basados en evidencia científica para los consumidores, los profesionales de la salud y el sector gubernamental.
El comité clasificó las bebidas en seis categorías según su contenido energético, valor nutricional y riesgos a la salud en una escala que clasifica las bebidas de la más (nivel 1) a la menos (nivel 6) saludable.

Niveles
1 Agua potable.
2 Leche baja en grasa (1%) y sin grasa y bebidas de soya sin azúcar.
3 Café y té sin azúcar.
4 Bebidas no calóricas con edulcorantes artificiales.
5 Bebidas con alto valor calórico y beneficios a la salud limitados (jugos de fruta, leche entera, licuados de fruta con azúcar o miel, bebidas alcohólicas y bebidas deportivas).
6 Bebidas con azúcar y bajo contenido de nutrimentos (refrescos y otras bebidas con altas cantidades de azúcares agregadas, como jugos, aguas frescas, café y té).
(N.E. Puede consultar la tabla completa de referencia de las bebidas en la pág. 11 de nuestra edición impresa, descargando la versión en pdf de la edición 113)
Los académicos reconocen que no se ha determinado un valor para los requerimientos promedio de agua, de manera que sólo se puede hablar de lo que se ha llamado ingestión adecuada, la cual se deriva del consumo habitual del total de líquidos por día en la población general.
Esta cifra se ha establecido en 3.7 litros al día para hombres y 2.7 litros para mujeres. Cerca del 80% de esas necesidades diarias las aporta la ingestión de bebidas, incluida el agua; el resto se adquiere a través de los alimentos sólidos.
Las guías nutricionales en México se han enfocado hasta el momento en los alimentos, a pesar de que la ingestión de energía proveniente de las bebidas representa 21% del consumo total de energía de adolescentes y adultos mexicanos. Esta cantidad de calorías de los líquidos, que procede en particular de las bebidas azucaradas, jugos, leche entera y alcohol (en adultos varones, aunque en nuestro medio, el hábito cervecero incorpora cada vez a mayor numero de mujeres), se adiciona a la energía proveniente de los alimentos de la dieta y contribuye al consumo excesivo de energía vinculado con la obesidad y la diabetes.
El promedio de ingestión energética proveniente de bebidas calóricas para los mexicanos mayores de dos años ha aumentado de 100 a 300 kcal al día, para los diferentes grupos de edad y en ambos sexos.

Recomendaciones para escuelas

El Comité recomienda los siguientes esfuerzos en las escuelas:
- Tener agua potable para el consumo general de toda la comunidad escolar.
- Intervenir en las cooperativas para modificar las reglas y sensibilizar a la Secretaría de Educación Pública (SEP) y a los administradores y maestros en relación con la necesidad de restringir la disponibilidad de bebidas azucaradas.
- Proponer el uso de leche descremada, sin sabor y sin azúcar en los desayunos que ofrece el DIF al sistema escolar. Este proceso de reducción de azúcar debe ser gradual.
- Proporcionar incentivos a las escuelas que sean certificadas como libres de bebidas azucaradas en sus instalaciones.

Volver al agua

La razón para exponer las recomendaciones de este comité de expertos es la epidemia de obesidad y diabetes que enfrenta el país. Estamos ante un reto de magnitudes enormes, una pelea que no sólo será ganada con regulaciones sobre las bebidas azucaradas y refrescos en las escuelas, necesitamos poner el agua en la conciencia, la conveniencia, la economía y el paladar de cada individuo.
El consumo de bebidas calóricas en México es de los más elevados en el mundo y su aumento no tiene precedente en la historia mundial. Dado que estas bebidas proveen en esencia energía y contribuyen en grado significativo a perpetuar esa epidemia, reducir su consumo es un componente vital de una conducta más amplia para bajar el consumo energético total y lograr un equilibrio energético en la población.
El agua es un bien público que debemos cuidar y hay que invertir para preservarlo, es un recurso renovable que tiene un ciclo vital y cuyo flujo es limitado.
El agua de botella no es una opción de salud personal y tampoco ambiental, por eso es que los países más avanzados han establecido legislación para limitar el uso de agua en botella y promover el agua potable de la llave.


DATOS DEL COLABORADOR
Dr. Francisco Javier Muro Dávila. Médico Cirujano. Maestro en Salud Pública. Presidente del Colegio Médico de Hermosillo y Vicepresidente de la Federación Médica de Sonora. Editor en Jefe de la Revista Buena Salud. e-mail: fj_muro@hotmail.com
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