Venza la negatividad
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Cada quien es responsable de lo que piensa, de las emociones que le causan sus ideas y el daño que puedan provocarle
Una mente positiva siempre creará las condiciones para tener una vida optimista, llena de fe, esperanza y entusiasmo.

Estoy segura que usted estará de acuerdo con que 2009 no fue por nada un año que queramos recordar con añoranza: Epidemias, crisis financieras, violencia, tragedias que costaron vidas de inocentes.
La realidad nos ha confrontado día a día poniendo a prueba todas nuestras habilidades para mantener a flote el ritmo de nuestra vida y de nuestras familias.
Pero lo cierto es que la batalla real no es la que nos ofrecen las circunstancias externas, sino aquélla que libramos cada momento en nuestro pensamiento, a fin de cuentas, nuestros actos son el resultado directo de nuestras ideas.
Desde nuestra infancia aprendemos a accionar para alcanzar algún objetivo que previamente fue conceptualizado en nuestro pensamiento. De forma que el tono de las acciones de nuestra vida está inevitablemente modulado por el tono de lo que pensamos: Si tenemos una mente negativa, tendremos una vida negativa.
Las dificultades de muchas personas tienen su raíz en patrones de pensamiento que en realidad son los que producen los problemas que más les agobian, por encima incluso de la circunstancia que desencadenó esos pensamientos.
La cuestión está en la relación que se establece entre las circunstancias que vivimos, las emociones que nos provocan y los patrones de pensamiento que elaboramos.
Así, podemos encontrar personas que ante una misma situación, una enfermedad grave por ejemplo, se angustian a tal grado que su estrés los pone en más riesgo que la propia enfermedad, en tanto que hay quienes actúan con una calma que puede resultar sorprendente.
Pareciera que especialmente en los momentos difíciles de nuestra vida son nuestras propias emociones las que nos meten zancadilla, agregando a lo complicado de la situación, un feroz bombardeo de fugaces pensamientos irritantes donde se mezclan nuestras debilidades, inseguridades y temores, así como aquello que nos molesta o en lo que nos sabemos con poca habilidad.
Y entonces nos angustiamos tanto que empezamos a perder la destreza que hemos tenido en otros momentos para responder de manera inteligente ante el problema que estamos viviendo.
Si las circunstancias difíciles se complican y se mantienen por un largo periodo de tiempo en nuestra vida, ocurre entonces que, en un afán por protegernos del desastre emocional, respondemos buscando teorías y razonamientos para levantar “fortalezas“ (paradigmas de pensamiento) que a fin de cuentas terminan aprisionando nuestra vida y metiéndonos en una rigidez de pensamiento que nos estorbará para afrontar la dificultad y las nuevas circunstancias que se presenten.
Esas “fortalezas“ o barreras nos mantienen atados debido a cierta forma de pensar, como puede ser la dificultad que algunas personas tienen para iniciar una relación de pareja por el dolor de experiencias pasadas; sin embargo, sufren constantemente por la falta de pareja.
Visto así, es posible percatarnos que una razón fundamental por la que las personas tenemos dificultad para controlar nuestros actos radica en el hecho de que no controlamos lo que pensamos.
Y esa falta de control ocurre porque esas barreras mentales fueron construidas desde muy temprana edad, producto de experiencias que nos marcaron y definieron una cierta forma de pensar o un tono en nuestros patrones de pensamiento.
Resulta doloroso enfrentar las faltas y errores cometidas y lidiar con sus consecuencias; por ello parece más fácil justificar nuestras acciones resguardándonos en las “fortalezas” de pensamiento y permitiendo que el pasado afecte negativamente nuestra vida, por ejemplo, podemos ver a padres que viven el dolor de ver a un hijo alejarse con gran resentimiento porque, amándolo tanto, nunca supieron expresar ese amor y se justifican pensando “es que mis padres no fueron cariñosos conmigo ni me enseñaron a expresar afecto”.
Nuestro pasado puede explicar por qué estamos sufriendo, pero no debemos usarlo como excusa para seguir sufriendo, no nos conviene ni a nosotros ni a las personas que amamos.
Los pensamientos son poderosos, tienen capacidad creadora, para bien o para mal. Si nos despertamos en la mañana y pensamos “me siento fatal, creo que éste va a ser uno de esos días”, podemos asegurar con toda certeza que justamente ése será un día lleno de situaciones complicadas e irritantes; pero si, a pesar de como nos sintamos al despertar tomamos la decisión de afirmar “éste será un gran día”, notaremos cómo, aun con circunstancias complicadas, las cosas transcurren y podemos mantener la calma y al final del día sentir que efectivamente fue un buen día.
No podemos, por más que lo deseemos, tener una vida positiva, mientras mantengamos una mente negativa, llena de “fortalezas” rígidas y de patrones de pensamiento irritantes.

La estrategia

Nuestra vida puede ser un caos a causa de pensar mal y ese caos no se controlará hasta que logremos controlar lo que pensamos… Pensar bien debe ser una necesidad vital, el campo de batalla está en nuestro pensamiento, pero ¿cuál es la estrategia para tener la victoria en esa batalla?
1.- Inicie el día con una actitud de agradecimiento: Independientemente de sus sensaciones y estado emocional, esfuércese por encontrar alguna razón para dar gracias (el nuevo día, haber despertado, su familia, etc.) exprese su expectativa de tener un gran día y declárelo en voz alta, antes de iniciar sus actividades. Esto permitirá iniciar el día en sintonía con Dios.
2.- Medite en lo que piensa: A lo largo del día reflexione con regularidad: Identifique pensamientos negativos y su frecuencia; analice la emoción asociada a ellos.
3.- Transforme su pensamiento: Reflexione en si la relación pensamiento-emoción que identificó le hace sentir bien o no, si le conviene o no. Sustituya los pensamientos negativos por positivos.
Recuerde que mentes positivas producen vidas positivas. Los pensamientos positivos (optimistas) siempre están llenos de fe y esperanza; los negativos (pesimistas) siempre están llenos de temor y duda.
Aprender a pensar positivamente implica restablecer nuestros hábitos de pensamiento, con la práctica y con consecuencias que sean gratas.

No darse por vencido

No debemos rendirnos, no importa cuán mala sea la condición en nuestra vida y mente, no nos demos por vencidos. Si se persevera, la renovación de la mente tendrá lugar poco a poco. Evitemos condenarnos y desalentarnos cuando no veamos avance. Seamos pacientes con nosotros mismos, para poder mantenernos en el proceso hasta alcanzar el éxito, porque nos conviene.

Dése un espacio

Cuando haya transformado su pensamiento, si a lo largo de sus actividades identifica la ocurrencia de un pensamiento negativo que lo haga sentir incómodo, molesto o triste, haga lo siguiente:
A) Suspenda lo que está haciendo.
B) Anote en una hoja el pensamiento o secuencia de pensamientos negativos que experimenta.
C) Busque un lugar tranquilo, si puede acompañado de una bebida que le agrade –no alcohólica- y música que le relaje.
D) Cierre sus ojos y respire profundo tres veces.
E) Identifique un pensamiento positivo que sustituya lo que anotó en la hoja. Responder a la pregunta “¿qué es lo bueno que puedo obtener de esta situación difícil?”, puede ayudar.
F) Reanude la actividad que suspendió sólo
cuando se percate que lo que meditó le trajo tranquilidad. Deberá repetir esta secuencia cada vez que le asalten pensamientos negativos. Se trata de establecer un nuevo hábito en el pensar, nuestra mente ha tenido tanta práctica en operar por su cuenta, que nos es fácil tener malos pensamientos. Necesitamos reprogramar nuestra mente para elegir tener buenos pensamientos.

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DATOS DEL COLABORADOR
Lic. Norma Rebeca Sandoval Inda. Psicología y asesoría familiar, profesora en la Unison y colaboradora del Centro de Consejería del Grupo Amistad. Tel. (662) 302-9467, cel. (662)105-0487, e-mail: rbksandoval@gmail.com, blog: http://extiendetusalas.blogspot.com
NOTA IMPORTANTE
El contenido de los textos publicados es responsabilidad de nuestros colaboradores, se ofrecen sólo como una guía informativa y nunca deben sustituir la consulta que usted debe hacer a su médico de confianza. No se auto medique, visite periódicamente a su médico. La opinión de nuestros colaboradores no refleja necesariamente nuestra opinión.
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