Rendir cuentas, difícil pero necesario
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En la práctica médica, una explicación a tiempo evita malentendidos y conflictos
Cuando el paciente es menor de edad, sus padres tienen la responsabilidad de autorizar los procedimientos médicos que le harán.

Cuando uno es niño, no sólo empieza a hablar el vocabulario de la lengua de sus padres, sino también aprehende la forma de expresarlo.
Aquí aparece el idioma, que no es otra cosa que las ideas que pensamos, dichas en palabras.
En esta expresión idiomática va inserta la cultura, con las costumbres -de la familia, del grupo, del pueblo, de la nación, etc.- de los cuales los niños aprehenden una mentalidad, donde va inscrita la manera de responder.
Con la anterior generalidad de la comunicación, entro a la Medicina, donde con el paso del tiempo, aquellos niños ahora son unos ávidos aprendices del idioma de sus médicos maestros, de quienes aprehenden el principio ético hipocrático, de hacer siempre el bien, donde va la obligación de encontrar el o los diagnósticos, el pronóstico y los posibles tratamientos para curar el padecer del enfermo.
Esto último es la indicación médica, pero además, como en los viejos tiempos, a los jóvenes se les sigue enseñando que el médico también tiene el derecho de elegir la opción terapéutica que más le conviene al enfermo.
Esto último es parcialmente cierto y fuente de conflictos en la relación sanitaria.

Principio Ético de Autonomía

Ciertamente -en los casos de extrema gravedad, donde el enfermo no está en condiciones de salud para poder decidir sobre su tratamiento y/o cuando no se cuenta con la presencia de familiares para consentir sobre lo que se pretende hacer-, es cuando el médico debe y tiene la obligación de tomar la decisión de actuar diligentemente, para salvaguardar la salud y el bienestar de la persona doliente.
Pero en situaciones no “heroicas”, la persona enferma es quien toma la decisión de otorgar el permiso para que el médico pueda actuar sobre su cuerpo.
Este derecho lo alcanzó, y se lo concede, el Principio Ético de Autonomía que tiene la persona para decidir.
En caso de los menores de edad, son sus padres quienes deben tomar la decisión -de entre las indicaciones médicas- que más favorezca a la vida de su hijo.

El caso de Juanito

Juanito tiene siete años de edad. Inició hace ocho horas con dolor abdominal generalizado, luego se localizó en la región apendicular. En este punto, la pediatra del Servicio de Urgencias encuentra el signo de “rebote positivo de una cruz (+)”, el cual le indica la posibilidad de irritación de los órganos que se encuentran por debajo de esta área.
El dolor se acompaña de fiebre de 38 grados C. Los glóbulos blancos de su sangre están elevados al doble de lo normal (trae 20,000 leucocitos) y las formas inmaduras de estas células se encuentran 12 veces más elevadas de lo normal (tiene 28 bandas).
Estos datos clínicos y de laboratorio sugieren a los médicos del servicio que el niño trae una infección aguda.
La pediatra pide la opinión del cirujano y éste, después de valorar al niño, hace el diagnóstico: Abdomen agudo, por una probable apendicitis. El tratamiento es quirúrgico y pide que preparen y pasen al niño quirófano. En este ínter, el paciente tiene una evacuación líquida.
Se le informa al cirujano, quien hace una nueva valoración, encontrando ahora el “rebote positivo (+++)”. ¡Se opera! La pediatra, mueve dubitativamente la cabeza.

Dar y pedir cuentas

El Principio Ético de la Responsabilidad Profesional es dar y pedir cuentas: Todo profesional de la Medicina debe justificar su actuar de tres modos y en tres momentos: Lo hace ante sí mismo, ante la persona enferma y/o sus allegados, y si alguno o los dos momentos anteriores llegasen a fallar, el médico tendría que dar cuentas –justificar- sus hechos ante la sociedad.
Éste es el tercer momento de esta responsabilidad profesional. Vayamos por pasos.
- Primer modo de dar cuentas: La conciencia moral: El justificarse ante sí mismo. Cuando el cirujano revisó a Juanito, aquella realidad lo forzó a llevar el caso clínico ante el severo tribunal de su conciencia.
Ahí, en claustro de su mismidad tuvo que dar cuentas -ante la ciencia, la técnica y la experiencia acumulada a lo largo de sus años de médico y cirujano pediatra-, sobre los posibles diagnósticos; sobre los pronósticos; sobre los potenciales manejos y sobre los beneficios y los riesgos de cada uno ellos.
Y fue entonces, ante la scientia, cuando con conciencia, indicó y decidió realizar una laparotomía exploradora.
Pero algo falló. El niño fue llevado al quirófano. El cirujano llegó hasta el apéndice y lo encontró sano. Exploró el resto del contenido abdominal para buscar la razón de aquel padecimiento y sólo halló moderado líquido claro -“citrino”- y gran cantidad de ganglios linfáticos inflamados.
Antes de cerrar el abdomen, exploró de nuevo -a conciencia- el área apendicular y decidió extirparlo: El diagnóstico postoperatorio fue adenitis mesentérica y apendicectomía incidental.
Enseguida el cirujano solicitó a los médicos que revisaran el origen de la fiebre y el porqué de aquellos ganglios inflamados.
Juanito fue egresado al cuarto día sin fiebre y con el diagnóstico adenitis mesentérica secundaria a una infección respiratoria de vías aéreas superiores.
- La responsabilidad del médico ante la persona enferma: Éste es el segundo momento del dar cuentas. En esta rendición de cuentas se da el verdadero Consentimiento Informado.
El médico debe justificar su actuar ante la persona enferma y/o sus allegados: Es cierto que el médico indicó de manera puntual aquella cirugía y lo hizo conscientemente; pero no informó a los padres de Juanito sobre aquel rígido encuentro que había tenido con la scientia. Y sin dar cuentas -justificarse- ante los padres del niño, quienes se encontraban en la sala de espera, decidió llevar al enfermo al quirófano.
- La responsabilidad profesional ante la sociedad: Es el momento de dar cuentas a la sociedad. En ética también se llama Responsabilidad Jurídica del Médico. En este caso se conoció el diagnóstico postoperatorio, cuando los padres no participaron activamente en la decisión de operar a hijo.
Éstos interpusieron una queja ante la Comisión de Arbitraje Médico en los términos siguientes:
- No hubo consentimiento informado para intervenir el cuerpo de una persona.
- Fue una intervención quirúrgica innecesaria.
- Hubo la amputación de un órgano sano.
- Hubo una lesión que tarda más de 15 días en sanar.
El médico estaba en serios problemas, porque las cuatro causas que aducían los inconformes están catalogadas como delitos penales.
Pero por fortuna para ambas partes, el asunto se dirimió de una manera ¿moderna? de buscar la justicia: En la Junta de Conciliación de la institución, el médico tuvo que dar razones a los inconformes.
Primero, sobre la indicación –necesidadquirúrgica de aquel abdomen agudo. Explicó lo que significaban aquellos glóbulos blancos -maduros e inmaduros-. Debió aclarar el significado de aquel rebote progresivo de una a tres cruces. Tuvo que dar cuentas de la sospecha -por la brusquedad del cuadro clínicode una posible perforación apendicular, de su progresión hacia una peritonitis, de una septicemia y sus posibles consecuencias.
Justificó la cirugía y dio cuentas de aquella amplia incisión que realizó en la línea media del abdomen y no una pequeñita sobre la piel del apéndice.
El caso era difícil y el diagnóstico no estaba claro. Sobre la amputación del apéndice, dijo: “Quité el apéndice porque al revisarlo lo manipulé. Estaba sano. Enseguida exploré todos los órganos de la cavidad abdominal. Encontré gran cantidad de ganglios linfáticos inflamados. Después, volví a valorar el apéndice, entonces decidí extraerlo, porque al dejarlo corríamos el riesgo inminente de una apendicitis”.

Una explicación tardía

Después de esta explicación, la madre de Juanito interroga al médico: ¿Si el niño hubiera sido su hijo, usted, igual lo hubiera operado?
“¡No lo hubiera pensado dos veces!, porque ante un abdomen agudo y de una evolución tan agresiva como la del niño, tenía menos riesgos la intervención quirúrgica que haberlo dejado en observación”.
El padre del menor, de profesión abogado, pregunta: ¿En el expediente clínico está documentado todo lo que usted ha dicho?
“Todo”, y el médico le muestra el expediente.
Entonces, el médico, con gran humildad, reconoce que estas explicaciones las debió haber dado antes de entrar al quirófano.
Colofón: Los padres, ante aquella aptitud y actitud, agradecieron al médico el haberse hecho cargo de la enfermedad de su hijo.
Otro colofón: A los médicos nos cuesta gran trabajo desprendernos de la milenaria mentalidad que nos vino dando el derecho de elegir la decisión que más le conviene a la persona enferma.
Pero hoy, quien tiene el derecho a tomar esta decisión -por el Principio Ético de Autonomíaes la persona enferma y/o sus allegados.
En el caso de Juanito, si los padres hubieran tenido una información veraz, oportuna, a profundidad y confiada, sobre la indicación quirúrgica del médico: Doctor, nosotros la hubiéramos aceptado “con los ojos abiertos”.
Hoy, los médicos debemos aprender el idioma virtuoso de dar cuentas claras de nuestro actuar médico, ante uno mismo, ante el enfermo y ante la sociedad.
Esta rendición de cuentas, tal vez, haría nuestra Medicina un poco más humana.

Todo sobre: cultura - autonomía - -

DATOS DEL COLABORADOR
José Rentería Torres. Médico. Subcomisionado Médico de la Comisión de Arbitraje Médico del Estado de Sonora. Tel. 217-5582-85, e-mail: joret@iteso.mx
NOTA IMPORTANTE
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