Cómplices en la salud
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Cuando una persona presenta enfermedad cardiaca, todos sus familiares deberán ayudarle a recuperarse mediante un cambio de estilo de vida general
Cuando hay un enfermo, la familia deberá ser solidaria y cambiar sus hábitos.
Infarto al corazón, angina de pecho, insuficiencia cardiaca, crecimiento de corazón, hipertensión arterial, diabetes mellitus, colesterol alto, tabaquismo y sus consecuencias… Los hogares sonorenses están llenos de algunos padecimientos de esta lista, juntos o por separado.
Y al aparecer en un miembro de la familia algún evento cardiovascular, la familia puede tener varias respuestas.
La primera es culpar al enfermo, pensando que sus familiares directos (hijos, hermanos, padres) jamás les pasará lo mismo, y que todo es por sus malos hábitos: “¡¿Cómo no, si se la pasa comiendo, no hace ejercicio, fuma mucho”, etc., siendo juzgado, castigado y rechazado como un condenado por los miembros de la familia y externos. Al paciente se le discrimina y se le priva de cualquier placer, tenga o no que ver con su enfermedad.
Aún así, la familia no es capaz de sobrepasar el evento, y se lo recordarán y recriminarán cada vez que sea posible. Esto no ayuda a la recuperación del paciente, ya que tal conducta familiar provoca el rechazo del paciente hacia un cambio de vida, lo vuelve un dependiente total de la familia, o retrasa su recuperación.

Preocupación exagerada

Otra respuesta familiar es aquélla donde se busca en forma exagerada la enfermedad en otros miembros.
Si al padre o hermano le dio un infarto, el resto de la familia buscará en todos los miembros, con o sin factores de riesgo, que no vaya a tener un infarto.
Es cuando toda la familia corre a hacerse electrocardiogramas, comienzan a tener dolor de pecho y a sentir que les va a pasar lo mismo.
En este caso, la paranoia de la enfermedad provoca una limitación para el desarrollo del paciente que ya tuvo un infarto, porque siempre se siente que puede ocurrir el infarto otra vez, o a otro familiar, y el miedo evita que vuelva a una vida más cercana a lo normal.

Muestran indiferencia

Otro tipo de familia es aquélla donde todos observan la enfermedad, todos tienen los factores de riesgo (tabaquismo, hipertensión arterial, diabetes, colesterol alto, obesidad, antecedentes familiares de infartos y muertes por la misma causa), y no hacen nada por evitarlo.
Si están viendo las consecuencias de todos los factores de riesgo, y ven al familiar grave, ¿por
qué no cuidarse también?
Estas familias invitan al enfermo a cuidarse, le ayudan con las dietas, lo cuidan, pero la familia no cambia junto con el enfermo para evitar nuevos eventos cardiovasculares.
Es así que en fechas especiales toda la familia cena como siempre y al enfermo le dan la estricta dieta que sólo él sigue, mientras todos fuman, comen, se descuidan y lo vigilan para que no se descontrole. Injusto, ¿no?

Papel de las mujeres

Recordemos que la parte básica de la respuesta familiar en nuestra sociedad está en las mujeres: Las esposas, madres, hijas y hermanas que quedan a cargo del paciente en su convalecencia.
Ellas dictan la pauta a seguir y son la segunda parte más importante, después del paciente, para una rehabilitación completa del paciente.
Si hay restricción severa y exagerada, la respuesta del paciente será rechazo, la recuperación será lenta y el paciente se vuelve inválido y dependiente.

Cuando hay comprensión, pero no hay apoyo en la cocina ni en la vida diaria, no hay cambio en el estilo de vida.
Si hay comprensión, apoyo en la cocina, en la vida diaria, en los cambios que hay que hacer en las casas, en las familias, en todos los miembros donde ellas tienen influencia, tendremos a un paciente con mayor posibilidad de recuperación y menor riesgo de un nuevo evento cardiovascular adverso.

¿Donde se ubica usted y su familia?

Todos tenemos antecedentes de enfermedad cardiovascular, o de por lo menos factores de riesgo para enfermedades del corazón. Si en la familia ya hubo alguna enfermedad de corazón, es conveniente interrogar a otros miembros sobre antecedentes de infarto, muerte súbita en individuos jóvenes, diabetes mellitus, hipertensión arterial, enfermedad cerebro-vascular (embolias) e insuficiencia cardiaca.
Si ya hay estos antecedentes, se sugiere que la familia se evalúe y se llegue a un acuerdo sobre los cambios que deben hacer en su estilo de vida.
Las dietas estrictas nunca llegan a ser efectivas, pero el solo hecho de que quien cocine cambie un poco el menú, que incluya más verduras verdes, menos grasas, más fibra, hace el cambio en toda la familia.
Cultivar hábitos saludables -como el ejercicio regular, no consumir alcohol o hacerlo en forma moderada y cuidar la alimentación en general- propicia en la familia la prevención primaria de enfermedades cardiovasculares, y la prevención secundaria en quienes ya padecen enfermedades del corazón.

Una complicidad saludable

La familia es la base de la sociedad. Los programas de rehabilitación cardiaca ofrecen gran parte de la información a las personas en contacto directo con el paciente, quienes deberán hacer el cambio en la familia completa con el fin de mejorar el ambiente para la recuperación del paciente, y ser cómplices, no guardias de su salud.
Si en su familia hay alguien enfermo del corazón, ayude a todos con un cambio en el estilo de vida.
Recuerde que los cambios deben estar basados en el conocimiento de la enfermedad, y no en el temor de nuevos eventos o consecuencias de la enfermedad cardiovascular.
Si tiene dudas y requiere ayuda para hacer estos cambios, solicite información con su médico, quien le dará orientación sobre cuáles son los cambios más saludables para su familia.
No hay que esperar a que haya un enfermo del corazón en la familia ni que sea inicio de año para tener un buen propósito: Ser una familia saludable.


DATOS DEL COLABORADOR
Dr. Iván Serna Santamaría. Cardiólogo con subespecialidad en Rehabilitación Cardiaca. Centro de Diagnóstico Cardiovascular y Rehabilitación Cardiaca. Mateo Ramírez 24 entre bulevar Gómez Farías y Morelos, Col. Constitución. Tel. 215-7925
NOTA IMPORTANTE
El contenido de los textos publicados es responsabilidad de nuestros colaboradores, se ofrecen sólo como una guía informativa y nunca deben sustituir la consulta que usted debe hacer a su médico de confianza. No se auto medique, visite periódicamente a su médico. La opinión de nuestros colaboradores no refleja necesariamente nuestra opinión.
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