Le da guerra al cáncer
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El gas mostaza, utilizado por primera vez como arma militar durante la Primera Guerra Mundial, marca el inicio de este tratamiento
La dosis y el fármaco varían según el tipo de cáncer; puede administrarse de múltiples maneras diariamente, cada semana o cada mes.

La quimioterapia (QT) consiste en el uso de fármacos para destruir las células malignas.
Existen más de 50 medicamentos diferentes para combatir la enfermedad y prevenir el crecimiento, multiplicación y diseminación de las células tumorales. Dichas células se caracterizan, precisamente, por el crecimiento descontrolado.
Estos agentes pueden emplearse solos, aunque en la gran mayoría de los casos se utilizan combinados y están dirigidos a bloquear esta multiplicación caótica. En cuanto a la QT, el primer compuesto antitumoral no se empleó precisamente con fines médicos.
El gas mostaza se utilizó por primera vez como arma militar durante la Primera Guerra Mundial, y fue estudiado posteriormente con profundidad durante la Segunda.
En 1945, después de que varios militares fueran expuestos accidentalmente a esta sustancia, se descubrió que sus niveles de glóbulos blancos eran sorprendentemente bajos.
Esta observación llevó a los científicos a pensar en la capacidad de este agente para destruir células, por lo que comenzó su uso como medicamento oncológico con enfermos de linfomas, precisamente una variedad de la enfermedad relacionada con los ganglios linfáticos. Se empleó para ello la administración intravenosa en lugar de la inhalación de gas.
Corría la década de los cuarenta del siglo pasado y a partir de ese momento el número y variedad de fármacos anticancerígenos ha evolucionado hasta nuestros días.

¿Cómo se administra?

La QT pueden administrarse por vía oral (en forma de pastilla, cápsula o solución ingerible); también puede recurrirse a inyecciones intramusculares o intravenosas.
Esta última es la vía más común; los médicos pueden hacerlo mediante una solución, en una vena periférica, a través de la cual los medicamentos se introducen en el organismo del paciente.
Otra opción es la colocación de un catéter, un tubo flexible que se inserta en una vena de mayor tamaño, donde se mantiene durante el tiempo que dura el tratamiento.
En ocasiones, el catéter se adhiere a un dispositivo, un pequeño disco de plástico o de metal que se coloca bajo la piel y que evita canalizaciones innecesarias.
Cuando el fármaco se administra intramuscularmente, los efectos de la quimioterapia suelen durar más debido a que la absorción por los tejidos musculares es más lenta. Finalmente, en algunos casos, cuando la enfermedad se ha propagado a la médula espinal o al cerebro, los medicamentos tienen que administrarse directamente en el líquido espinal para lo que hay que recurrir al método intratecal, que consiste en introducir la quimioterapia directamente en el espacio subaracnoideo.
No son las únicas vías, también se puede emplear una crema o loción directamente sobre la piel, intra-arterial, directamente en el interior del tumor.
La dosis y el fármaco varían según el tipo de cáncer; puede administrarse de múltiples maneras diariamente, cada semana o cada mes.
Generalmente, se aplica mediante ciclos que alternan los fármacos con períodos de descanso que permiten al organismo volver a producir células sanas y recuperarse del efecto de la medicación.
Los ciclos son fundamentales para el correcto funcionamiento de la quimioterapia, por ello es importante respetar bien los horarios y el ritmo, siguiendo las indicaciones del médico tratante.
Algunas personas pueden tomar los fármacos en su propia casa, aunque otras siguen los tratamientos en el consultorio médico o bien en el hospital de día, unas camas que el paciente ocupa sólo por la mañana mientras recibe el tratamiento para irse a su casa hasta la próxima sesión.
Tampoco es extraño que los primeros días sea necesario permanecer ingresado para que los médicos observen los efectos de la terapia y puedan ajustar la dosis para cada paciente.
Es posible que otros fármacos interactúen con la quimioterapia, por lo que es importante preguntar al médico antes de automedicarse o tomar cualquier otro medicamento no oncológico.

¿Para qué se usa?

La diferencia entre la quimioterapia y las otras opciones disponibles para abordar esta patología, -radioterapia y cirugía fundamentalmente- es que ésta puede usarse de manera sistémica.
Es decir, por su propia naturaleza, estos fármacos no se limitan a actuar en un área concreta sino que llegan a diversas partes del organismo, allí donde se hayan extendido las células enfermas.
En muchas ocasiones el tratamiento farmacológico se complementa con el uso de radioterapia o incluso se emplea como complemento de la cirugía.
En el caso de la llamada quimioterapia neo-adyuvante, los fármacos tienen como misión reducir el volumen del tumor antes de que éste se extirpe; por el contrario, cuando la terapia se emplea después de la cirugía para acabar con las posibles células malignas que hayan quedado en el organismo se habla de quimioterapia adyuvante.

Efectos secundarios

Los efectos colaterales varían de acuerdo al tipo de medicamento y la sensibilidad de cada paciente, así mismo el efecto de múltiples medicamentos administrados conjuntamente.
Algunos pacientes suelen sentir cansancio a consecuencia de la ‘quimio’, aunque también hay quien logra seguir con su vida normal sin que el tratamiento interfiera en sus actividades laborales, sociales o familiares.
Situación comúnmente observada en niños con cáncer. Además, gracias a los avances, los fármacos que se emplean ahora en quimioterapia son cada vez más selectivos, de manera que destruyen a las células malignas causando mínimos daños a las sanas.
Es difícil predecir cómo va a reaccionar cada paciente porque no existen parámetros homogéneos. Es normal que todo el malestar desaparezca cuando se finalice el ciclo, cuando las células encuentran oportunidad de reponerse por sí mismas de los efectos de los fármacos quimioterápicos.
Es cierto que la medicina ha evolucionado mucho y ya existen otros fármacos capaces de evitar estas raras reacciones.
Como consecuencia de la destrucción de células malignas los pacientes pueden experimentar mejoría de sus condiciones generales.

Consejos prácticos

Es conveniente que algún familiar cercano le acompañe al hospital para las sesiones.
En el caso de pacientes pediátricos habitualmente son llevados por sus padres.
Si usted trabaja, organice su tiempo de manera que el horario se adapte a las sesiones; laborar en tiempo parcial, desde casa o tomarse un día libre después de la terapia puede ayudarle a superar los contratiempos que la quimioterapia ocasiona en el organigrama vital de cada paciente.

Distintos objetivos

En función del tipo de cáncer y su estadio, la quimioterapia puede emplearse con diferentes objetivos:
- Para curar el cáncer, una meta que se considera alcanzada cuando el paciente ya no presenta células enfermas en su organismo, el tumor desaparece y el enfermo queda libre de la patología durante muchos años.
- Para controlar el cáncer, es decir, para evitar que la enfermedad se siga extendiendo. En este caso, los fármacos eliminan las células enfermas que ya han llegado a otros órganos.
- Paliativo, para aliviar los síntomas de la enfermedad, fundamentalmente el dolor, que merma la calidad de vida del paciente.

Si tiene hijos pequeños, tal vez necesite una persona que le ayude con ellos, quedándose en casa mientras duren las sesiones o colaborar en las tareas de la casa.
Ocupe su tiempo libre con actividades de distracción entre aplicaciones de la quimioterapia (ejemplo leer, escuchar música, desarrollar actividades manuales múltiples).
Lleve una dieta equilibrada, rica en proteínas y verduras. Evite las comidas que favorezcan la fermentación de alimentos e ingiera pequeñas cantidades en lugar de grandes comidas.
Sea muy estricto con la higiene, realizando duchas diarias y evitando contacto con personas que puedan contagiarle resfriados u otras enfermedades.
Limite sus actividades a cosas importantes, evite fatigarse y descanse lo más posible.
Vigile la aparición de cualquier “moretón” o mancha roja en la piel. Evite la exposición al sol, los tintes y agentes abrasivos en el cabello; mantenga la piel hidratada.

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DATOS DEL COLABORADOR
Dr. José Benjamín Arroyo Acosta. Oncología-Hematología Pediátrica. Especialista en Leucemias y tumores en niños y adolescentes. Torre Médica CIMA. Tercer Piso. Módulo Pediatri-k. E mail: drbenjamin_arroyo@yahoo.com.mx. Tel. (662) 259-9317 al 20. Celular (662) 276- 0059.
NOTA IMPORTANTE
El contenido de los textos publicados es responsabilidad de nuestros colaboradores, se ofrecen sólo como una guía informativa y nunca deben sustituir la consulta que usted debe hacer a su médico de confianza. No se auto medique, visite periódicamente a su médico. La opinión de nuestros colaboradores no refleja necesariamente nuestra opinión.
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