La danza de los Guachimontones
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¡Qué maravilla que hoy pudiéramos arreglar nuestras diferencias como lo hacían nuestros antepasados, jugando a la pelota, y después nos pusiéramos a danzar en torno del mismo dios!
La pequeña Ana Paula atrapó con un vaso un cangrejo.

Vamos apretados pero contentos. Nos dirigimos a conocer unas ruinas arqueológicas que según afirman los que conocen, tienen alrededor de 2000 años de antigüedad, por lo que la expectativa es grande.
¿Cómo vivían aquellos ancestros nuestros?, ¿cómo resolvían sus problemas?, ¿podríamos aprender algo de ellos?
No crea que volamos hacia el otro lado del mundo. Nada de esto, vamos aquí cerca de Guadalajara. Anoche, planeamos este viaje mientras saboreábamos una suculenta comida en la cenaduría “Doña María Escolástica”, ubicada a un costado de la Basílica de Zapopan.
Ahí, con doña “María…” comenzó nuestra aventura. El lugar es un galerón hecho cocina, restaurante y lugar de esparcimiento, con un sabor que deseo compartir con usted.
El techo -creo, para esconder su cuna de almacénes de puros paliacates multicolores zurcidos entre sí, de ahí cuelgan figuras de papel como si fuesen arco iris invertidos.
Alrededor, en las paredes, construyeron los respaldos de unas bancas rústicas a más no poder, con ladrillos -uno aquí, otro más allá- acomodados donde cayeran, tachonados de pedacería de viejos azulejos que el tiempo no les quitó su atractivo colorido.
Llagamos a tiempo, apuntó Francisco -jefe de la excursión, marido de "la Mago" mi hija y padre de los “Arreolitas”-.
Al rato se hacen colas para entrar a comer. No tarda en llegar un señor que canta muy bonito. La danza de los Guachimontones Sociedad y Salud por José Rentería Torres, Médico joret@iteso.mx Los siete que íbamos nos acomodamos en tres mesitas juntas, la mitad del grupo se respaldó en una de aquellas esplendidas bancas salidas de algún recodo que el pasado no se llevó.

Un nombre histórico

Me levanto a fisgonear por los fogones de las cocinas: “Éste de aquí afuera”, me enseña una robusta cocinera, “es el de los tacos y todo lo frito, el de adentro es el de los atoles y el champurro y allá en el fondo, es el de los tamales y el pozole”.
La patitas de puerco, que me habían servido me trajeron a sentar, fue cuando, Mario, mi nieto, preguntó afirmando ¡qué raro nombre el de este lugar! ¿Escolástica?, debería de ser escuela y no restaurante.
Y tenía razón. La palabra viene del latín, schola –escuela-. La Escolástica, en la Edad Media fue una corriente filosófica y teológica, que se confrontó revolucionariamente con las enseñanzas de la Patrística, la cual sostenía que la fe está por arriba de la razón.
Mientras comentábamos lo anterior, junto al cantador, nos pareció ver al gran comedor, Tomás de Aquino, pidiendo pozole, enchiladas, tamales de chile, de fresa, empujados con atole de arrayán y de postre una quemadita, que no es otra cosa que una tortilla de maíz dorada, rebosante de cajeta de leche de cabra quemada y cubierta con queso añejo. Ummm. ¡Qué sabor! Luego entonces, repítanme otra, exclamó el filósofo.
Al día siguiente, pasamos por Tala y enseguida dimos vuelta rumbo a Teuchitlán; cruzamos por el centro del pueblo, luego ascendimos, ahí cerquita por un camino nuevo, sinuoso, difícil de transitar y más difícil fue encontrar lugar para estacionar el carro. Y en la lomita, de golpe y porrazo ya estamos en Guachimontones.

Pirámide circular

Al mirar uno se queda pasmado. Allá en el centro se ve un cono de base inferior escalonado, es una gran pirámide de círculos concéntricos. A su alrededor hay un gran patio circular bordeado de estructuras rectangulares que en su tiempo fueron las habitaciones de los notables.
Atrás otras más, y entre ellas montones de pequeñas pirámides, sin faltar su campo para el juego de pelota.
¿Sabía usted que estos parientes nuestros arreglaban sus asuntos políticos, religiosos y de la comunidad, jugando a la pelota y en la cima de la pirámide alababan a Ehécatl –dios del viento- y en los patios circulares agradecían con danzas rituales el haber resuelto sus conflictos?
El paisaje es portentoso, no por nada Guachimontones es considerado patrimonio de la humanidad.
Seguimos caminando y nos topamos con otro promontorio intocado, alto, lleno de árboles y si observa uno detenidamente se da cuenta que es otra pirámide escalonada, lo que me hizo recordar la semejanza con las pirámides del Sol y de la Luna de Teotihuacán.
Subimos un poco más y encontramos unos grandes muros -tal vez murallas- y en lo alto, unas construcciones que parecerían puntos de vigilancia.
Desde aquí se divisa el Volcán de Tequila, con sus yacimientos de obsidiana con la que fabricaban sus esculturas y artesanías.
Estamos en el triángulo agavero, es la Ruta del Tequila: Arenal, Amatitán y Tequila, Jalisco. Tomamos ese rumbo, pero antes bajamos a uno de tantos comederos de tipo playero que hay a la orilla de la presa.
¿Qué comer? Había de todo. Me decidí por la especialidad de la casa, unas carnitas blancas, delgadas y largas, me sirvieron seis: Eran ancas de rana. ¡Ummm! Lo invito.
Ahí los nietos pescaron. Ana Paula atrapó con un vaso de plástico a un pequeño cangrejo, lo observó, se dejó morder por el animalito para conocerlo. ¿Qué vas a hacer con él?, le pregunté. -Voy a devolverlo al agua.
¿Te gustan los animales? Sí, muy sazona me responde, voy a ser veterinaria.
Seguimos recorriendo el presente. Y otro ¡Ummm! Estamos en la plaza de Etzatlán, paladeando unas deliciosas nieves de garrafa.
Mientras en el kiosco, unos manifestantes piden diálogo y la comparecencia de los ejecutivos de una caja de ahorros de la que son miembros. Las cuentas de su dinero no les salen. Exigen justicia.
Ahí se me vino a la mente: ¡Qué maravilla que hoy pudiéramos arreglar nuestras diferencias como lo hacían nuestros antepasados, jugando a la pelota y después del arreglo nos pusiéramos danzar en torno del mismo dios del viento y de la justicia!

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DATOS DEL COLABORADOR
José Rentería Torres. Médico. Subcomisionado Médico de la Comisión de Arbitraje Médico del Estado de Sonora. Tel. 217-5582-85, e-mail: joret@iteso.mx
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