Nuestra sociedad está “enferma”
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A diario observamos los síntomas: Conductas antisociales, altos índices de violencia, aumento de las adicciones y trastornos de la conducta alimentaria
Si negamos que existe la disfunción familiar o social, tendríamos que aceptar como “normales” conductas que no lo son

“Ya no sabemos qué hacer, hemos intentado todo y nada funciona”, “nuestro hijo es un grosero, distraído, no hace caso”, “tengo un hijo rebelde”.
Éstas son las frases que constantemente se escuchan de los padres cuando acuden a consulta por “problemas familiares”.
Y también se escucha a las personas decir “¿qué nos pasa, a dónde vamos?, ¿qué le pasa a la sociedad, por qué tanta violencia?
Para la mayoría de las familias, la educación de los hijos es una preocupación fundamental; sin embargo, actualmente estamos viendo cambios en la conformación de la misma que se están reflejando en conductas a nivel social.
Si uno de los factores es la llamada “célula social”, es decir la familia, y si la sociedad en que vivimos está mostrando síntomas (conductas antisociales, altos índices de violencia, aumento de las adicciones, trastornos de la conducta alimentaria, etc.) entonces ,al realizar una intervención ante una sociedad “enferma” tendría que comenzarse con la familia.

“Soluciones” se vuelven problemas

Si negamos que existe la disfunción a nivel de la familia o de la sociedad, entonces tendríamos que aceptar como “normales” -por presentarse con mucha frecuencia- conductas que no lo son, desde el punto de vista terapéutico, y mucho menos llevan al individuo a la funcionalidad, sino a lo contrario.
Se buscan soluciones a los problemas de la sociedad, pero cuando se intentan llevar a cabo las “soluciones” a ese nivel, muchas veces la solución se convierte en problema.
Se escucha que una solución para las adicciones es legalizar las drogas. Si pensáramos en soluciones de este tipo, entonces también deberíamos pensar en legalizar las golpizas a las mujeres y los asesinatos, pues entonces se acabarían desde el punto de vista legal con el problema.
Porque para realizar una intervención a nivel de sociedad, se tendría primeramente que localizar dónde se encuentra el origen de la supuesta causa, ¿es en las personas, ¿es en el sistema?, ¿son las leyes?, ¿qué es?

Modelos de intervención

La familia se define como un sistema constituido por miembros unidos por relaciones de alianzas y consanguinidad, ordenados en base a creencias y reglas heredadas, interactuando y creando su peculiar organización.
La intervención terapéutica a nivel de familia es relativamente reciente, surgió a finales de los 60y principios de los 70.
Actualmente, existen diversas escuelas representativas de terapia familiar. En el modelo de Palo Alto, California, donde sus fundadores Jackson, Watzlawick y Weakland, consideran a las conductas problemáticas como maneras donde se intenta solucionar un problema, entonces se busca introducir alguna variación en el esquema de solución del problema, sin necesidad de ser un cambio dramático; un cambio pequeño puede bastar para detener una secuencia disfuncional.
Un ejemplo de esto podría ser la negativa de un niño al que se le cataloga como “introvertido” a tomar un baño y la conducta reiterativa sería el que los progenitores lo castigaran severamente, lo cual aumentaría el miedo del niño, que a su vez, aumentaría la severidad del castigo convirtiendo la solución en el problema
Aquí, según este modelo, se podría intervenir redefiniendo la etiqueta impuesta por los padres al niño “introvertido” y redefinirla como niño “observador”. Se darían cuenta de que la negativa del niño a tomar el baño podría provenir de algún miedo a un objeto en específico en el lugar donde se baña, solucionando con esto el “problema” y liberando del estrés de querer solucionarlo a los padres.
Otro de los modelos es el Estructural, donde uno de los autores representativos, Minuchin, comenta que no existe diferencia entre los problemas que debe afrontar una familia “normal” y los de una familia presuntamente “anormal”.
La llamada familia “anormal” es la que enfrenta los requerimientos de cambio internos y externos de una manera rígida estereotipada, ¿es tratado el padre como un niño?, ¿la hija mayor está actuando como madre?; la intervención se enfoca en la manera como interactúan, más que en el síntoma.
También nos habla de los límites y subsistemas: Dentro de la familia está el subsistema de hermanos, conformado por los hijos; el de los padres, y también puede haber alianzas, hijo-madre, hija-padre, triangulaciones, etc.
Los límites son las reglas que establecen quién participa en él y cómo; sirven para proteger y diferenciar el sistema, ejemplo: “Los hijos no pueden entrar a la habitación de los padres si ven que la puerta esta cerrada”; “los padres tocan la puerta de la habitación de sus hijos antes de entrar”; “los padres son quienes deciden el tipo de comida que se comprará”, etc.… e introduce el concepto de Holón, donde la familia nuclear es un holón de la familia extensa, ésta lo es de la comunidad, y así sucesivamente.
Y por último, la escuela de Milán, donde un concepto importante es el del “juego familiar”, donde aquello que ha de diagnosticarse enfermo es el “juego familiar”.
Existen otras escuelas las cuales no mencionamos por motivo de espacio, pero que siguen de alguna manera los preceptos de las tres mencionadas.
l problema está en la relación (interacción entre los diversos individuos que conforman la familia, los subsistemas cónyuges, hermanos) y no en los individuos.

Se vislumbran vacíos

La disfunción familiar se ha convertido en la regla más en que en la excepción, ¿qué ha pasado?, ¿qué clase de educación le estamos dando a las nuevas generaciones?, ¿estamos creando pequeños monstruos Frankestein postmodernistas?
Donde antes se observaba un respeto a la gente mayor o a las reglas básicas de convivencia, empezamos a vislumbrar vacíos; pareciera que en las nuevas generaciones las conductas antisociales se están convirtiendo en la norma, como si se tratara de pasar por encima de los demás para dar sentido a una existencia.
Sin embargo, nos podemos salir de contexto al recordar a Sócrates (470-399 aC), quien una vez escribió sobre las nuevas generaciones: “Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra, responden a sus padres y son simplemente malos”.
Es propio de una etapa del desarrollo del individuo, la adolescencia, que se denota en los conflictos intergeneracionales que se repiten, cuando las nuevas generaciones se oponen a las existentes para reafirmar su identidad e independencia.
Sin embargo, en aquellos tiempos, al menos no se tienen registros de familias como las que están surgiendo ahora, aunque no podríamos calificar de disfuncionales a las familias de esa época, pues se adaptaban a las condiciones existentes en ese tiempo.

Relación deteriorada

Entonces, enfocándonos a la disfunción, podemos darnos cuenta de que no es la familia en sí -pues es un sistema- , sino la relación que existe entre los miembros, la que se ha deteriorado, porque hay familias “ensambladas” que funcionan adecuadamente.
Padres que físicamente están presentes, pero que no cumplen con sus roles, por lo que se les llama “padres periféricos”.
Hay niños que a pesar de vivir dentro de un núcleo familiar, son como huérfanos en busca de la atención que no les dan sus padres.
Si bien es imposible que alguien sea culpable de todo lo que acontece a su alrededor y no podemos culpar a nuestros padres de las conductas no deseables que tengamos, esto no excluye la responsabilidad que tienen los individuos miembros de la familia de acuerdo con su rol dentro de ella.
Es muy común que los padres se sientan como “marionetas” en manos de sus hijos; por eso, si los padres son capaces de comprometer a los demás -por ejemplo a sus hijos- que también tienen responsabilidades, podrán hacer de sus hijos ciudadanos funcionales.

Familia y crisis concómica

Podemos analizar las consecuencias de la disfunción familiar a nivel del individuo y cómo se verán reflejadas a nivel de la sociedad.
Incluso países más desarrollados económicamente, no son necesariamente más funcionales a nivel familiar.
Cuando los padres deben estar ausentes por tener que trabajar, ya que de otra manera no se pueden satisfacer las necesidades de una vida digna, se adapta una forma de organización que es forzada por la situación económica y no es algo que se elija.
Por eso, en la época de crisis económica y social que estamos viviendo, si nos preocupan estos hechos, habrá que voltear a ver  uestro núcleo familiar y observar qué tanto refleja lo que sucede en la sociedad, para así empezar cada quien a realizar los cambios desde la familia y dejar de hacer más de lo mismo
Recuerde que pequeños cambios en la manera de interactuar, pueden significar mucho para usted y su familia.  Si no se siente capaz o requiere ayuda, búsquela en algún profesional de la salud mental, vale la pena intentarlo.

Cambia estructura familiar


La conformación de las familias ha cambiado, ya no son las familias típicas de antes. Una familia convencional consta de 2 adultos que tienen 1 ó más hijos de ambos. Las familias, por su estructura, se clasifican como:
-Familias aglutinadas, donde aparecen límites difusos, por ejemplo, a veces mandan los hijos, otras veces los padres.
- Familias disgregadas, donde sus límites son rígidos, por ejemplo, a los hijos no se les toma en cuenta en ninguna decisión familiar, y se convierten en meros “ornamentos” más en el hogar).
Actualmente han aparecido nuevas modalidades familiares llamadas:
- Familias “de la modernidad”, donde tenemos 2 adultos y al menos un hijo procreado por un solo de éstos, o bien, varios hijos procreados por los dos adultos, cada no aparte con una pareja anterior.
El sistema de la familia reconstituida tiende a tener unos límites más imprecisos.
- Las familias ensambladas son aquéllas compuestas por adultos divorciados, separados o viudos, donde tienen cabida los hijos menores o adolescentes de cada uno de ellos, los cuales vuelven a armar una pareja con otra persona también separada en su misma situación, con hijos y hasta nietos.
Se estima que para el 2010, las “familias ensambladas” pasarán a ser el tipo de vínculo más frecuente.


DATOS DEL COLABORADOR
Dr. Eduardo Monteverde Maldonado. Médico Psiquiatra. Certificado por el Consejo Mexicano de Psiquiatría Jefe del Servicio de Psiquiatría del HGE. Clínica del Noroeste. Consultorio No. 205 Tel. 212-1371. Cel. (662) 184-3333. www.drmonteverde.net,
NOTA IMPORTANTE
El contenido de los textos publicados es responsabilidad de nuestros colaboradores, se ofrecen sólo como una guía informativa y nunca deben sustituir la consulta que usted debe hacer a su médico de confianza. No se auto medique, visite periódicamente a su médico. La opinión de nuestros colaboradores no refleja necesariamente nuestra opinión.
Excelente nota y claro que me identifico de las situaciones actuales para poder educar a los hijos hoy en dia
Fecha comentario: 2012-08-07 13:40:05
Comentario: