Un “amigo” difícil de dejar
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El consumo en la familia y en el entorno inmediato, particularmente de alcohol, dada su frecuencia, constituye un factor de riesgo importante
Entre los hombres, el siguiente grupo más afectado corresponde a aquellos de 35 años o más.

La Encuesta Nacional de Adicciones (ENA) explora el problema del abuso de drogas, sus determinantes y consecuencias desde la investigación epidemiológica y psicosocial desde 1988 cuando se realizó la primera, misma que se repitió en 1994, 1998 y 2002.
Ésta última fue la primera en informar a nivel nacional los índices de consumo y los problemas asociados en las comunidades rurales.
En la ENA 2008, este diagnóstico se actualiza mediante una nueva encuesta nacional con representación estatal.
La Secretaría de Salud encomendó al Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y al Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz (INPRFM) la realización de esta encuesta.
Sus objetivos incluyen generar información confiable y caracterizar la prevalencia del uso de tabaco, alcohol y drogas en la población adolescente de entre 12 y 17 años de edad y en la población adulta de entre 18 y 65 años.
La encuesta busca también conocer los factores asociados a la utilización de estas sustancias, así como las necesidades de atención y el uso de servicios relacionados con el abuso de las mismas.
Dada la importancia que reviste tener mayor información para la acción presentamos algunos de los muy importantes resultados que nos ofrece dicha encuesta.

¿Cuál es el problema al que nos enfrentamos?

Los resultados de esta encuesta indican que el consumo de drogas ilegales y médicas en la población rural y urbana de entre 12 y 65 años de edad ha aumentado de un 5 por ciento observado en 2002 a un 5.7 por ciento en este periodo.
Las drogas ilegales (mariguana, cocaína y sus derivados, heroína, metanfetaminas, alucinógenos, inhalables y otras drogas) aumentaron de 4.6 a 5.2%; el consumo de drogas médicas con potencial adictivo, usadas fuera de prescripción, mantuvieron los niveles observados en 2002.
Por grupos de población, se observa que, si bien el consumo de drogas ilegales es mayor en los hombres (en una proporción de 4.6 hombres por cada mujer), el índice de crecimiento es mayor en las mujeres entre las cuales el consumo de drogas ilegales se duplicó, aumentando de 1 por ciento en 2002 a 1.9 por ciento en 2008, mientras que el consumo en hombres solamente se incrementó de 8 a 8.8 por ciento.
La mariguana y la cocaína son las sustancias preferidas por la población. El consumo de la primera aumentó de 3.5 a 4.2 por ciento; el aumento en el consumo de la segunda fue mayor: pasó de 1.2 por ciento en 2002 a 2.4 por ciento en 2008, es decir, que se duplicó entre ambas mediciones.
La mariguana ha ocupado los primeros lugares de preferencia entre la población desde la primera encuesta nacional de 1988.
La cocaína ha mostrado variaciones importantes y desplaza a los inhalables en las preferencias de la población desde finales de los años ochenta e inicios de los noventa, cuando aparece en el mercado nacional.
Desde entonces, ha mostrado fluctuaciones importantes: el crecimiento acelerado que mostró en los años noventa se nivela y disminuye ligeramente hacia el final del siglo pasado para volver a repuntar en esta década.
El consumo de otras drogas muestra índices muy inferiores. Sin embargo, también ocurren incrementos importantes, como en el caso del crack y las metanfetaminas, cuyo consumo aumentó seis veces.
En contraste, el crecimiento de los alucinógenos no es significativo, mientras que los inhalables, que habían mostrado una tendencia hacia el decremento, vuelven a repuntar.

Prevalencia del consumo

La incidencia acumulada del uso de drogas en la población, conocida también como prevalencia de vida, ya que describe la historia de consumo en una población, muestra que entre la población de 12 a 65 años que habita en zonas rurales y urbanas de México es de 5.7%; esta proporción aumenta a 9.1 por ciento si sólo se considera a los hombres y desciende a 2.6 por ciento si se considera sólo a las mujeres, quienes históricamente han estado menos expuestas al consumo de estas sustancias en una razón de 3.5 hombres por cada mujer.
Por grupos de edad, la mayor proporción se ubica entre la población de 18 a 34 años de ambos sexos: 12.1 por ciento para los hombres y 3.3 por ciento para las mujeres.
Entre los hombres, el siguiente grupo más afectado corresponde a aquellos de 35 años o más (8.6 por ciento) y posteriormente se sitúa el de los adolescentes de 12 a 17 años (3.7 por ciento).
Para las mujeres, la incidencia se da por igual entre las adolescentes y las que tienen 35 años o más (2.1 por ciento). Estos datos indican que el uso de drogas entre las mujeres es un fenómeno más reciente.
Casi una tercera parte de quienes notificaron haber usado drogas alguna vez lo había hecho durante el último año (incidencia anual).
El índice de casos activos durante el año anterior a la encuesta en la población de entre 12 y 65 años, fue de 1.6 por ciento. Esta cifra aumenta a 2.5 por ciento cuando sólo se considera a los hombres y a 3.4% cuando sólo se considera a los hombres jóvenes (18 -34 años).
Entre los hombres, el consumo más alto se presentó entre aquéllos de 18 a 34 años (3.4%), seguidos por los adolescentes (2.1%) y finalmente por aquéllos de más de 35 años (1.7%). Entre las mujeres, el mayor índice se presentó entre las adolescentes (1.3 por ciento) y disminuye conforme aumenta la edad (1% entre aquéllas de 18 a 34 años y sólo 0.4 por ciento entre aquellas mayores de 35).

Mayor en los jóvenes

Después de averiguar sobre la presencia de una o más ocasiones de consumo durante los doce meses previos al estudio, la encuesta indaga si este consumo ocurrió en los últimos 30 días.
Los resultados indican que 62 de cada 100 casos activos en el último año también lo fueron durante el último mes.
El consumo en el último mes muestra un patrón similar y las diferencias entre hombres y mujeres son menores entre los adolescentes: la relación de 1.8 hombres por cada mujer aumenta en el siguiente grupo de edad a 5.8 hombres por cada mujer y a 6 en el grupo de mayores de 35 años.
Como era de esperarse, el uso de drogas es mayor en las generaciones más jóvenes, en comparación con lo que ocurría en las cohortes previas. Solamente 3.6% de las personas que nacieron entre 1942 y 1956 informó haber usado drogas.
El índice aumenta a 5.7% en la generación nacida entre 1957 y 1971; en aquélla nacida entre 1972 y 1983 aumenta a 7.7% y disminuye a 4.9% en aquéllos nacidos entre 1984 y 1996.
Se trata, por tanto, de un fenómeno que afecta principalmente a los grupos más jóvenes. Entre las mujeres, el uso de drogas es un fenómeno con menos historia. Los jóvenes de hoy consumen drogas en mayor proporción que las generaciones anteriores.
La mariguana es la droga de preferencia en la población. Su incidencia acumulada alcanza 4.2%, seguida en orden por la cocaína con 2.4% (una cuarta parte de los usuarios de cocaína consumen crack). En tercer lugar, se sitúan los inhalables (0.7%), seguidos muy de cerca por las metanfetaminas (0.5%), los alucinógenos (0.4%) y la heroína (0.1%).
Sin tomar en cuenta las drogas médicas, hombres y mujeres tienen el mismo orden de preferencia. Hay 1.8 hombres que usan mariguana por cada uno que usa cocaína; en el caso de las mujeres, la razón es de 2 a 1.
En relación con las drogas médicas, los hombres presentan un mayor consumo que las mujeres. Ambos grupos prefieren los tranquilizantes y a continuación, las anfetaminas.
Los hombres de edad media (entre 26 y 34 años) presentan la mayor incidencia acumulada en relación con todas las drogas. Entre las mujeres, el consumo de cocaína, crack y metanfetaminas es mayor entre las más jóvenes (de 12 a 25 años) y los datos también señalan la menor historia de consumo en este grupo, especialmente de las sustancias de más reciente introducción al país.
Los hombres también aventajan a las mujeres en el consumo de drogas médicas fuera de prescripción. Ambos prefieren los tranquilizantes y aquéllos de entre 26 y 34 años de edad son los que más han usado este tipo de sustancias. Entre las mujeres, el mayor consumo se observa entre las mayores de 35 años.
Los datos señalan una historia más reciente de incorporación de los hombres al consumo de este tipo de sustancias.
Las metanfetaminas son drogas con una penetración más reciente en el mercado de consumo, lo que indica la necesidad de hacer un seguimiento cuidadoso del abuso de estas sustancias en el país.
A continuación, presentamos algunas afirmaciones y sugerencias que se proponen en la encuesta como resultado de las diversas preguntas realizadas en el estudio.
Las diferencias en los índices de consumo entre hombres y mujeres se derivan de diferencias en la oportunidad de usar drogas.
Los adolescentes tienen más probabilidad de usar drogas cuando han sido expuestos a la oportunidad y de progresar hacia la dependencia cuando han usado drogas. Es por esto que los esfuerzos preventivos deben de orientarse a reducir la probabilidad de que estén expuestos al uso de drogas.
Las generaciones actuales presentan mayor accesibilidad a las drogas, mayor consumo y mayor probabilidad de progresar del abuso a la dependencia que las generaciones anteriores.
El consumo de los tranquilizantes, la mariguana, los inhalables, y las metanfetaminas se inicia con más frecuencia en la adolescencia. En total, 89.8% de los usuarios habrá iniciado el consumo antes de cumplir los 26 años.
Esto señala el grupo en que deben de concentrarse los esfuerzos preventivos.

Percepción del problema

En general, existe una percepción dividida sobre la consideración de que la adicción es una enfermedad: la mitad de la población la considera como tal, mientras que la otra mitad no la percibe así.
Existe un poco más de consenso, pero no suficiente, sobre la idea de que los adictos no son personas débiles, y el consenso es mayor sobre el hecho de que los adictos no son delincuentes, ya que 80% de la población no contestó afirmativamente a esta opción
Los adelantos de la ciencia y al mejor entendimiento del efecto de las drogas, se puede afirmar que el abuso de sustancias es una conducta prevenible y que la adicción es una enfermedad que puede tratarse.
Este principio básico ha tardado más tiempo en permear a la población; aún prevalece un proceso de estigmatización de estos enfermos, factor que influye en el retraso o en la falta de búsqueda de atención.
Estos hallazgos indican la necesidad de hacer campañas para que la población comprenda las bases neurobiológicas que sustentan que las adicciones son una enfermedad, con el fin de que las personas con dependencia puedan acercarse a un tratamiento.
En la encuesta también se indagó la percepción de la población sobre el riesgo adictivo de diferentes sustancias: El mayor consenso sobre el potencial adictivo de las drogas se observó para la mariguana (80.3%) y para la cocaína (75.8%); les sigue en importancia el alcohol (71.2%). Menor consenso se observó para el tabaco (66.4%), la heroína (60.3%), los inhalables (56.2%) y los alucinógenos (51.8%).
Estos datos señalan la necesidad de reforzar el conocimiento de la población, haciendo énfasis en los más jóvenes, sobre los mecanismos de la adicción y el potencial de daño asociados con las diferentes sustancias. Especial atención merecen el tabaco, los inhalables y la heroína.

Disponibilidad en el entorno

Se encontró que una proporción importante notificó problemas de consumo de alcohol en el padre (22%), y de consumo de drogas en el mejor amigo (12.9%) y en algún miembro de la familia (6.5%); 2 de cada 100 notificaron sobre un problema de consumo de alcohol en la madre.
El consumo en la familia y en el entorno inmediato, particularmente de alcohol, constituye un factor de riesgo importante, para la oportunidad de usar y para el uso.
Es importante que los programas de prevención incluyan a la familia y que se refuercen los programas encaminados a lograr que las personas con problemas en el consumo de alcohol se acerquen a tratamiento.


DATOS DEL COLABORADOR
Dr. Francisco Javier Muro Dávila, Médico Cirujano, Maestro en Salud Pública, Jefe del Departamento de Programación y Desarrollo de la Subdelegación Médica del ISSSTE, Delegación Sonora, Presidente del Colegio Médico de Hermosillo y Editor en Jefe del Consejo Editorial de la Revista Buena Salud. fj_muro@hotmail.com
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