¿Qué ética nos guía?
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Un milímetro de más o de menos, podría ser un error en medicina
La persona debe ser la prioridad en la atención médica.

Heriberto, ¿para ti qué es la ética? Después de pensar un poco me responde: “No sé exactamente lo que significa esa palabra, porque yo sólo llegué a sexto de primaria, pero en mi pensar es quedarle bien al cliente, es ser responsable para que el trabajo quede bien hecho y a tiempo, porque así el mismo cliente me recomienda con sus amigos y me da más trabajo”.
¿Y si te sale mal un trabajo? “Ahí -me responde- hay que saber quién es el responsable: ¿Es problema del material o fui yo el que lo hizo mal?”
Y si fuiste tú el responsable, ¿cómo resuelves la situación?
“No hay de otra, me amuelo y tengo que hacerlo de nuevo, hasta que el cliente quede satisfecho”.
La anterior lección de ética de la responsabilidad basada en la amistad, me la dio el maestro en herrería mientras instalaba una reja de hierro, que con urgencia un día antes le mandé hacer.
Al maestro lo conocí así: Un día antes llegamos nuestra casa, la encontramos con la puerta abierta, la cerradura y parte del marco estaban destrozadas. Los ‘cacos’ habían entrado a robar.
Ante esta calamidad, necesitábamos un herrero, recorrimos el poblado, encontramos a dos pero se encontraban ocupados. Seguimos nuestra búsqueda y dimos con el tejabán de Heriberto.
Lo llevé a la casa, tomó las medidas y al día siguiente, mientras instalaba el encargo, remató: “Antes fui tornero y ahí aprendí que un milímetro de más o de menos es un gran error”. La puerta quedó perfecta.

Las propias “éticas”

Ni quién lo dude, toda ética está ligada a la búsqueda del bien. Pero ¿qué es el bien?, ¿buscarían el mismo bien usted, un banquero, la Madre Teresa, Kant, los miembros de la revista Forbes, los ejecutivos de las aseguradoras, los sicarios, o J. L. Aranguren?
¿Habrá una ética primera y universal que abarque todas las culturas con sus ideologías?
Resulta que detrás de la cultura de cada pueblo, están las costumbres y éstas nos dan una moralidad que debe ser acatada a través de sus normas -éticas- mismas que cada sociedad exige cumplir a sus miembros. Esto es indudable.
Aquí, a través de la historia, aparecen pueblos dominantes imponiendo su ideología, y en esta argamasa de ideas, traen una moralidad y una ética, un estilo económico y una forma de organización social, que se entiende y se cumple a través de la lengua -idioma- del que llega.
En su tiempo Alejandro el Grande con sus huestes expandió la cultura helénica. Igual fue con los romanos., o con los españoles en La Conquista de México. ¿Cuál ética de cuál cultura es la que guía hoy nuestro comportamiento y dentro de éste el quehacer del médico?

Tendencia anglosajona

Sigamos con Juan, ¿lo recuerda? Es la persona viajera, con heces duras y abultadas que al defecar le rasgaron la piel del ano, lo que le provocaba gran dolor y sangrado al evacuar. Esto lo hizo buscar el hospital que atiende a los clientes de su aseguradora médica. Ahí, con una simple radiografía de abdomen, el médico que lo atendió lo asustó, diciéndole: “traes abundantes heces y unas manchitas en el intestino que parecen cáncer”. Lo dejaron internado. Al día siguiente, cuando lo llevaban al quirófano le hicieron firmar el documento donde aceptaba que el proctólogo le realizara el procedimiento (colonoscopía y gastroscopía) para buscar el origen de aquel sangrado. Pero antes a su ingreso ya había firmado los papeles donde exculpaba al hospital de cualquier accidente que pudiera ocurrir, y junto venía el pagaré que lo obligaba -a su egreso- cubrir el costo de su atención médico-hospitalaria.
Estuvo hospitalizado tres días. A su alta tuvo que pagar 9 mil 857 pesos. ¿Es el deducible?, preguntó. No, el Seguro sólo cubre los gastos de la atención de un solo evento y en usted fueron dos. Pero me metieron una sola vez al quirófano. La gastroscopía es otro evento y usted lo debe pagar. Juan lo pagó. Enseguida buscó los videos que le tomaron durante los eventos. Le pertenecen. No los encontraron. Están en el quirófano, decía el médico. No, los tiene el médico, se peloteaban los responsables. ¿Doctor necesito mis estudios? Saca una cita en mi consultorio para la próxima semana, ahí te informaré. ¿Eso cuesta? Claro, es una consulta.
Bueno, este proceder médico-hospitalario se sustenta en una ética anglosajona -mercantil, mecanicista y de resultados-, que se afianzó con la llegada de la globalidad económica, y hoy los hospitales se están volviendo centros comerciales de reparación de enfermedades donde los consorcios hospitalarios compiten por los clientes, a quienes se les vende estancia hospitalaria y el consumo del equipo técnico-médico, cada vez más caro y sofisticado, atendido por grupos de excelentes médicos certificados.

Ética basada en la realidad

Con lo anterior, de ninguna manera estoy negando las bondades que aportan a la humanidad la tecnología y la preparación en habilidades técnicas del profesional de la Medicina. Nada de esto. A lo que hago referencia es que la tecnología médica tiene indicaciones precisas en tiempo y forma. No se vale que a ciegas se apliquen protocolos de estudio -como en este caso de sangrados del tubo digestivoantes de saber la biografía -historia clínica- y la exploración física de la persona enferma.
Debemos “volver a las cosas mismas” o a una ética que parta de la realidad. Ante nosotros está Juan, con su estreñimiento, con su dolor intenso al defecar y sus heces cubiertas parcialmente de sangre. Este cuadro clínico nos está dando de qué hablar y por lo tanto nos da en qué pensar. Y este sangrado de primera intención habría que buscarlo en el ano y/o en sus cercanías. Alguien podría objetar diciendo que un sangrado fresco en el ano también podría venir de una hemorragia masiva del estómago. Cierto. Pero los signos vitales de Juan eran normales. Esta realidad impulsa al sentido común -el sentir de todos los sentidos juntos- ir hacia el lugar que atrajo la atención del médico.
Ahí, el médico localiza la fisura y la razón de aquel padecimiento. Vamos suponiendo que en el ano no se hubiese encontrado la causa de aquel sangrado, entonces, habría que buscar más y más hondo, por arriba y por abajo, hasta encontrar la razón profunda de aquel padecer.
De esta real realidad brotan las preguntas: ¿El padecimiento de Juan era realmente una emergencia médica?, ¿los procedimientos que se le realizaron eran urgentes y por lo tanto necesarios?, ¿el padecimiento y el procedimiento que se realizó ameritaban hospitalización, o pudo manejarse de una manera “ambulatoria” o de corta estancia hospitalaria?
Hay que “volver a las cosas mismas”, y parafraseando a Heidegger, podríamos decir: Hay que volver hacia la persona enferma. Pero con una aptitud y una actitud guiada por una ética primera que la realidad exige, sencilla, como la de Heriberto, basada en una responsabilidad amigable.
Porque atender al protocolo que demanda la Lex Medica y desatender a la persona que carga con su enfermedad, podría ser el “milímetro de más o de menos” que ocasiona el gran error – la inconformidad- en la Medicina de hoy.


DATOS DEL COLABORADOR
José Rentería Torres. Médico. Subcomisionado Médico de la Comisión de Arbitraje Médico del Estado de Sonora. Tel. 217-5582-85, e-mail: joret@iteso.mx
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