Editorial

Edición: 125

Me dicina alte rnativa y errores de razonamiento


PRIMERA PARTE

La presente editorial me parece de un interés especial, ya que el tema es reiteradamente debatido por propios y extraños y está basada fundamentalmente en los artículos escritos por el Dr. Barry I. Beyerstein, que es profesor asociado del laboratorio del comportamiento cerebral del departamento de psicología de la Universidad Simon Fraser en Burnaby, Columbia Británica, Canadá.
El autor inicia preguntándose ¿por qué tantos pacientes inteligentes pagan cantidades considerables por productos y terapias de medicina alternativa, aún sabiendo que la mayoría de ellas son inútiles o, incluso, peligrosas y no han sido sujetas a rigurosas pruebas científicas? El doctor propone algunas razones que intentaremos analizar.
Si sólo los ignorantes y los crédulos fueran persuadidos por afirmaciones increíbles sería fácil explicar la abundancia de estupidez en la sociedad moderna, pero extrañamente mucha gente que no es ignorante ni tonta se adhiere a creencias repudiadas por la ciencia.
Por ejemplo, algunos profesionistas, incluso algunos médicos, aceptan ciertos aspectos de la medicina alternativa (MA) -incluyendo el “touch” o toque terapéutico, la iridiología, la homeopatía, algunas piedras magnéticas-; aún algunos expertos altamente entrenados pueden ser engañados cuando ellos confían en su experiencia personal y razonamiento informal para inferir las causas de eventos complejos.

Tarea difícil

Todos quienes defendemos terapias de cualquier clase tenemos la obligación de probar que los productos utilizados son tanto seguros como efectivos; esto último es una tarea muy difícil, ya que muchas formas sutiles en que pacientes honestos e inteligentes pueden ser llevados a pensar en que un tratamiento inútil ha producido una cura.
La MA permanece “alternativa” debido a que sus practicantes dependen de testimonios subjetivos en lugar de ensayos clínicos aleatorizados para soportarse, y porque la mayoría de sus hipotéticos mecanismos están en discrepancia con aquellos aceptados por las ciencias básicas; intentamos aquí llamar la atención sobre aquellos factores sociales, psicológicos y cognitivos que han ayudado a convencer a muchas personas que tratamientos no probados tienen mérito.
En los últimos años, se han desarrollado procedimientos para evaluar la efectividad de remedios comúnmente aceptados y han ayudado a distinguir cambios terapéuticamente inducidos en una condición patológica subyacente de la mejoría que puede seguir a cualquier intervención. Estos procedimientos forman las bases de la llamada “medicina basada en la evidencia”.
Nos cuestionamos lo siguiente: si una terapia no ortodoxa es inadmisible a una evaluación, carece de un razonamiento científico, tiene insuficiente evidencia que soporte su valía, ha fallado en ensayos clínicos de evaluadores imparciales, y ha sido incapaz de refutar explicaciones distintas por las cuales podría parecer que funciona en situaciones cotidianas, entonces ¿por qué hay tanta gente bien educada que continúa comprando este tipo de tratamiento?

Dos tipos de consumidores

Existen dos grupos de consumidores de tratamientos no científicos.
Una es que un consumidor prueba un tratamiento no convencional, la sensatez se sesga tendiendo a que aún las intervenciones más inútiles parezcan validas.

El primer grupo se acerca a la MA porque sufren alguna condición crónica que la medicina ortodoxa no maneja a su satisfacción ellos asumen erróneamente que las autoridades componentes validan los productos de la MA. El segundo grupo escoge tratamientos alternativos por la convicción filosófica animista y la cosmología vitalista de la MA, la cual rechaza las bases mecánicas de la biomedicina científica. La MA adopta criterios subjetivos y emotivos mientras que sus detractores exigen evidencia objetiva.
“A pesar de nuestra abrumadora dependencia de la tecnología, el ciudadano promedio del mundo industrializado es espantosamente ignorante de tan siquiera los rudimentos de la ciencia” Barry I. Beyerstein. En consecuencia la mayoría de la población carece del conocimiento para hacer una elección informada cuando decide si un producto de salud carece o no de fundamento.
Se estima que en los Estados Unidos se gastan anualmente alrededor de 27 billones de dólares, con riquezas de esta magnitud no es sorprendente que los curanderos alternativos se hayan promocionado a sí mismos a través de un mercadeo agresivo. Rutinariamente, las promesas hechas en estos mercados, no las podrían ni querrían hacerlas practicantes éticos entrenados científicamente.
Los medios de comunicación masiva han tendido a dar a la MA rienda suelta basta con permanecer algunos minutos frente a nuestros televisores para ser bombardeados de productos mágicos que en tan sólo pocos días son capaces de liberarte del cáncer de próstata, el hígado graso y de pasada los trastornos de erección. Estas afirmaciones entusiastas cuentan encantadoras historias que rara vez son rebatidas por los medios cuyos propietarios saben que desafiar los deseos de sus audiencias lastima los ratings.
“Un pintoresco toque de romanticismo que promueve la salud “holística” es la creencia de que los remedios “naturales” son necesariamente seguros, benévolos y más eficaces que aquellos científicos” Barry I. Beyerstein
El común de la población piensa que los preparados herbales no tienen efectos adversos, sin embargo, algunos productos naturales no son del todo benignos, existiendo reportes de alergias, toxicidad y aún reacciones mortales de estos productos, así como mala rotulación y contaminación de los mismos, existiendo posibilidad de interacciones adversas con productos farmacéuticos, sin embargo el conocimiento público de estos peligros permanece oculto a causa de que no existe reporte alguno de efectos adversos de esos tratamientos, ni exigencias sanitarias de reporte.
Cuando los efectos nocivos ocurren, los pacientes tienden a atribuirlos a otras causas porque alteran su creencia de que la benevolente naturaleza nunca usaría esos trucos sucios, los vendedores de productos naturales deben recordar que el tabaco es muy natural y que las plantas producen algunos de los más poderosos venenos conocidos, los ingredientes de las plantas que originan los principios activos de los medicamentos para ser aprobados deben ser identificados, sintetizados y probados rigurosamente en su eficacia y seguridad, así a diferencia de los productos herbales, su pureza y dosificación son estrechamente regulados.
En la próxima editorial abundaremos más sobre este tema.
Dr. Jaime Castillo RamosPresidente de la Federación Médica de Sonora femeson@hmo.megared.net.mx